Publicado el 17 de diciembre de 2012

Por David Ramírez

 Recientemente, la prensa internacional se ha hecho eco de que un grupo de científicos de la Universidad de Washington investigarán si vivimos en una simulación efectuada por supercomputadoras potentes del futuro, algo parecido al entorno que mostraba la taquillera película Matrix.

La idea de poner en marcha tan descabellado proyecto partió de un libro escrito en el 2003 por  un filósofo llamado Nick Bostrom, quien planteó la idea que el Universo no es más que una simulación informática que han creado supuestos descendientes humanos.

La tesis de que la realidad que vivimos es una ilusión, no es nada nuevo. El tema ya había sido abordado anteriormente  por filósofos de la antigüedad, escritores modernos como Jorge Luis Borges y forma parte de las creencias y enseñanzas de  algunas sectas religiosas como los Rosacruz y la Cienciología.

 Pero de ser cierto que la existencia humana es, en su totalidad, producto de la ingeniería inversa del cerebro de seres o personas con una inteligencia superior, quedaría resuelto los enigmas más peliagudos de toda la humanidad como son  ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Adónde vamos?

Si en verdad el universo en el que vivimos no es real  y se trata de una simulación o un juego de alguien, cabría pensar que quién (o quienes),  lo diseñaron son seres, filosóficamente hablando, más inteligente y con una condición humana superior. Pero partiendo de lo que ya conocemos en la realidad, nuestro mundo diseñado como está, sería obra de seres sin naturaleza social, sin sentimientos o amor, seres llenos de demencia, de agresividad y de violencia.

Esto lo decimos porque me cuesta mucho creer que seres “inteligentes y superiores” habrían sido los creadores de un juego donde alguien se divierta jugando a las guerras, dejando  tras de sí una estela de muerte, destrucción de viviendas y miles de familias sin hogares ni esperanza.

Me cuesta también creer que la injusticia y las desigualdades sociales, el egoísmo, el odio, los grandes conflictos económicos, sociales y culturales de este mundo sean simplemente algoritmo de un software de consola. Que las dictaduras de Rafael Leónidas Trujillo y Joaquín Balaguer fueron simples animación por computadoras  y que hayan sido sólo personajes de un juego muy parecido a lo Mario Bros me parece algo bastante estúpido y  quienes creen semejante disparate o son anormales o tarados.

Carlos Marx y Federico Engels sentaron las bases teóricas del verdadero análisis científico de la ciencia y su desarrollo. Tesis absurdas como la de Nick Bostrom sólo buscan entretener a las masas para que no descubra la actitud del hombre ante la naturaleza, su modo de producción y su vida social.

La tesis de Bostrom de que la raza humana posiblemente vive en una simulación artificial no es científica, es pura ciencia ficción al servicio del bloque de poder dominante, propio para ser publicada en las novelistas de bolsillos la Editorial Bruguera.

Ya lo decía Carlos Marx que  en el capitalismo la ciencia, los avances tecnológicos, son hostiles al trabajo, lo sojuzga y contribuye al reforzamiento de la explotación de la clase obrera a base de la ignorancia, el miedo y toda clase de superstición.

Olvídese,  mi caro lector, que usted vive en una maquina parecida a Matrix, tampoco espere a un Morfeo que le ofrecerá elegir la pastilla azul o la roja para conocer la realidad que le rodea porque lo que plantea Bostrom dista mucho de ser real.