Articulo publicado el 26 de mayo de 2014

Por David Ramírez

El emblemático periodista, predicador de la igualdad racial y religiosa Marcus Garvey, dijo una vez que un pueblo sin el  conocimiento de su historia pasada, el origen y la cultura es como un árbol sin raíces. Es una frase que encierra una gran  verdad, porque probablemente para muchos barahoneros como yo le resulte confuso, extraño y hasta frustrante el saber que,  siendo Santa Cruz de Barahona una de las ciudades más jóvenes de la República Dominicana (en comparación con Puerto Plata o  Azua), no existen documentos veraz y científicamente comprobable de la fecha precisa de su fundación.

Es una situación bastante engorrosa, porque deja a instituciones locales, como el Ayuntamiento Municipal o la Gobernación,  sin una fecha trascendental para celebrarlo anualmente con los habitantes.

Si aplicamos correctamente el concepto o metodología para investigar la evolución histórico-social de nuestra ciudad,  descubrimos muy desilusionado que, a pesar de contar en nuestra biblioteca personal con 5 libros que abordan el tema de manera directa, el cuándo, cómo,  dónde, y porque de su fundación sigue siendo una interrogante.

A excepción del libro “Historia de Barahona 1801-1900”, escrito por el abogado Welnel Darío Feliz (que no se conforma con lo  que le contaron, sino que escudriña los documentos depositados en los archivos nacionales y locales), cuatro de estos libros  prácticamente no fundamentan sus investigaciones sobre el origen de nuestra ciudad en bases científicas, sino en las  tradiciones orales, muchas veces transmitidas familiarmente.

Esos libros son fuente que todo investigador debe consultar al momento de abordar el tema, sin dejar de reconocer que sus  autores hicieron un gran esfuerzo por dilucidar nuestra historia. Lamentablemente no aportan datos precisos porque las  documentaciones sobre los primeros pobladores de lo que llegó a conocerse como común o villa Barahona, se perdieron con el  tiempo.  Partiendo de ese criterio no debe resultar extraño para cualquier investigador encontrar hipótesis deterministas y hasta  casualistas sobre la fundación de Barahona.

El caso más llamativo de todos es el que plantea el cuentista y poeta oral Matías  Ramírez Suero en su obra “Fundación de Barahona”.

Ramírez Suero establece, sin precisar fecha, el germen que dio origen a nuestra ciudad gracias a una casualidad del destino en la que estuvo implicado un pariente lejano. Ese familiar, procedente de nadie sabe dónde,  salió a buscar unos toros, pero que en su lugar encontró una zona boscosa,  posiblemente sin dueño, con un río caudaloso que desembocaba en una costa cercana, asentándose poco después en el lugar con  su familia, bienes y propiedades.

El planteamiento de Matías Ramírez, que es casualista, está basado en las tradiciones orales de la familia Suero Ramírez  sobre la fundación de Barahona. Es cierto que tiene cierto parecido con las bellas historias al mejor estilo de Hollywood y en ocasiones no la aceptemos como una verdad sino como una ucronía histórica, tal vez prejuiciado porque dicho planteamiento parten de un relato  oral dictado por una persona (y escrito con la ayuda de otro), que nunca en su vida se le conoció madera de escritor, mucho menos de historiador serio y riguroso.

Pero eso no quita, de ningún modo, que la obra de Matías deje de ser interesante para los acuciosos o investigadores de la  historia. La narrativa de Matías Ramírez sobre la fundación de Barahona podría calificarse de “posible” si la comparamos con  la Historia de la Humanidad, donde el ser humano históricamente se ha relacionado con la naturaleza y la ha transformado por  medio del trabajo, extrayendo lo necesario para subsistir o disfrutar de ella.

Otros, en cambio, abordan la fundación de Barahona desde una perspectiva muy determinista (“todo efecto viene de una causa y  toda causa tiene su efecto”), como es el caso de José A. Robert que en su obra “La evolución histórica de Barahona”, plantea  como debidamente cierto e irrefutable que la fundación de la villa Barahona, al igual que su crecimiento poblacional y  florecimiento económico, estuvo asociado al corte y comercio de la madera preciosa (principalmente caoba y roble) en el 1795, en los  terrenos de familias residentes de otras poblaciones cercanas.

Cuando Robert trata de profundizar sobre el origen de la villa, con sus habitantes y modo de vida, entonces  sus planteamientos se sustentan en  imprecisiones o suposiciones históricas, para concluir afirmando que la ciudad de se fundo en 1802. A pesar de que su libro fue el primero en abordar este tema, termina  centrándose en relatos o en las tradiciones orales de la época. Robert no aporta documentaciones que sustenten que esa fecha, 1795, fue el germen real o la génesis los hoy se conoce como la ciudad de Barahona.

Luego tenemos la obra del periodista Oscar López Reyes “Historia del desarrollo de Barahona”, también investigamos la obra del sociólogo Joaquín Peláez  titulado “Barahona: un enfoque sociológico”. El primero aborda el tema del origen y  desarrollo de la ciudad desde el punto de vista social, económico e histórico. El segundo realiza una investigación  genealógica familiar que acaba convirtiéndose en un estudio sociológico sobre aspectos muy importantes de nuestra historia.

Lamentablemente ambos escritores no establecen una fecha precisa sobre la fundación de Barahona y, al igual que Welnel Darío Feliz, terminan asumiendo (uno más que otro), directa e  indirectamente los mismos planteamientos deterministas que  José A. Robert sobre las causas y efectos que dieron su origen.

Resulta que al final nos quedamos como “en el aire”, reconociendo que ningunas de las obras escritas hasta el momento pueden  establecer con absoluta claridad o precisión científica la fecha exacta de la fundación de Barahona.

Volvemos entonces a la parte inicial de nuestro artículo ¿Existe una fecha precisa que podamos tomar como válida para  celebrar anualmente la fundación de la ciudad de Santa Cruz de Barahona? Claro que si, existe y lo vamos abordar en unos momentos.

Uno de los errores más graves que encontramos en algunos de los 5 libros que tratan directamente el tema sobre la fundación de Barahona, es que sus autores, confunden y llegan a tratarlo como una misma cosa dos hitos históricamente importantes, pero muy distintos el uno con el otro (y posiblemente con mucho espacio en el tiempo), que son; 1-  El embrión de lo que pudo haber sido la futura ciudad de Barahona y 2- El acto mismo en la que se originó su fundación.

Sobre el primero, sus hipótesis se apoyan en referencias históricas, basadas principalmente en relatos orales, pero con el segundo no aportan documentos que avalen histórica y científicamente que ambos eventos estuvieron unido ni tampoco en que año se fundó la ciudad. Eso le sucedió a José A. Robert que, empeñado en su determinismo histórico, establece en su libro “Evolución Histórica de Barahona” que el germen de esa futura ciudad estuvo asociado a partir de los eventos de 1795 y luego le otorga una fecha especifica de su fundación, en 1802, sin demostrarlo con documentaciones.

Es posible que,  toponímicamente hablando, el núcleo o aldea de pequeño tamaño y pocos habitantes llamado Barahona estuviera documentado en papeles ya perdidos en el tiempo, una muestra del caso es la carta que da a conocer Joaquín Peláez en su obra “Barahona: un enfoque sociológico” fechada el 30 de junio 1794 remitida por el arzobispo Fernando Portillo al regerente colonial Josef A. de Urizar donde menciona a la existencia de Barahona.

Pero resulta que no se tiene ninguna otra referencia escrita de ese nombre, incluso, Barahona no se encuentra en los mapas y censos realizados antes de la creación de Estado Dominicano. José A. Robert, en su libro “La evolución histórica de Barahona”, establece que en 1826 existían 15 bohíos en Barahona. Robert no dice si estaban todos habitados, dispersos o compactados.

Welnel Darío Féliz en su obra “Historia de Barahona 1801-1901” cita la sentencia del 8 de octubre de 1825 que establece que Barahona no era ni común ni poblado, tampoco era considerada una villa. Cita también que ese nombre, Barahona, no aparece en los registros territoriales levantados en 1839 por el teniente coronel Just Tremeré, comandante de la plaza de Neiba. Tampoco Barahona aparece señalada en los mapas más conocidos de esa época. (Ver citas en la página 61 de su libro).

¿Qué era entonces los 15 bohíos que describe Robert en su libro o el nombre de Barahona que mencionó el arzobispo Fernando Portillo en su carta? Posiblemente un pequeño núcleo conformado por propietarios y trabajadores del corte de la madera, pero sin una identidad pueblerina determinada.

Una vez aclarado este tema centremos ahora nuestro esfuerzo en el aspecto más importante de este artículo. Celebrar el natalicio de la ciudad de Barahona es una decisión que tarde o temprano tendrán que tomar nuestros regidores, por una sencilla razón; si anualmente celebramos las Fiestas Patronales y el Carnaval ¿Por qué no celebrar también el natalicio de la ciudad?

El cabildo no deberá establecerla de manera arbitraria, sobre la base de relatos o tradiciones orales de origen dudoso. Podría ser una fecha basada en documentos históricos y científico, lamentablemente no existen tales documentaciones.

En todo caso, aunque sea un sacrilegio para los historiadores más puritanos, tendrán que escoger otra fecha, una simbólica pero documentada, con suficientes motivos históricos e incidencia en la evolución política, social y económica de la ciudad. Una fecha que puedan sustentarla y defenderla firmemente de sus detractores.

Considero que la fecha más importante es el 12 de septiembre, fecha en que Barahona fue declarada Distrito Marítimo. Ese decreto de 1881, el número 1959, declaraba también a Barahona como cabecera del distrito recién creado. ¿Por qué específicamente esa fecha y no otra? Porque es a partir de esa fecha que comienza a tomar forma la ciudad, su impacto fue inmediato en el plano político, económico y social.
Fue a partir de ese decreto de 1881 que por derecho Barahona tuvo por primera vez un gobernador, tribunales, representación en el Congreso y la apertura de oficinas gubernamentales. También la creación del Ayuntamiento y por ende la organización de las edificaciones y la vida urbana (como el trazado de sus calles), también la organización y la delimitación territorial. Fue a partir de esa fecha que Barahona se convirtió en una de las ciudades más pujantes del país.

Literalmente hablando. Barahona nació el 12 de septiembre de 1881, esa es la fecha que debemos celebrar.