Articulo publicado el 16 de nero de 2013

Por David Ramírez

El alumbrado público de la ciudad de Barahona tiene su propia historia, larga y difícil de resumir en unas líneas. Antes  de que se instalaran las lámparas incandescentes que hoy  iluminan nuestras calles, parques y otros espacios públicos, se utilizó por muchos años el sistema de  farolas de  gas.

Casi todo lo que se ha escrito sobre el tema no está sustentado en bases documentales científicas (levantamientos de archivo y uso de documentos oficiales), sinobasado en relatos orales que fueron asumidos por los escritores  como un hecho histórico real en la comunidad. Además, todos los escritos concuerdan  que la instalación de los primeros faroles en Barahona fue un proceso lleno de luces y sombras.

Un relato basado en documentos y sesiones del ayuntamiento de esa época que nos acerca un poco a la realidad histórica de este acontecimiento es el que nos brindaWelnel Féliz en su libro “Historia de Barahona 1801-1900” cuando escribe que en 1884, el regidor Francisco Vásquez propuso instalar 10 faroles en los alrededores de la plaza de armas, sin encontrar apoyo en la villa.


Aunque existe otro relato que nos cuenta una historia muy diferente. En  1884, en la villa Barahona, que era cabecera del distrito, las calles ya habían sido demarcadas con sus respectivos nombres y sólo se iluminaban en celebraciones especiales gracias a los faroles de las  viviendas y comercios. En días normales la villa Barahona quedaba casi en completa oscuridad.

Fue así que un grupo de ilustres ciudadanos le solicita al ayuntamiento iluminarla de manera permanente con faroles de velas o gas queroseno, muy similar a los instalados en ciudades como Baní, Santo Domingo, La vega y Puerto Plata.

La solicitud  fue bien acogidas por los regidores, incluyendo a Francisco Vásquez,  pero no se sometió al edil ninguna moción para  aprobarla debido a que el ayuntamiento funcionaba bajo condiciones económicas muy precarias y con muchas prioridades. Cabe destacar que para esa fecha el ayuntamiento de Barahona no tenía una sede o Palacio Consistorial para legislar o el síndico recibir a los visitantes y huéspedes.

Al principio de  1893  hubo un intento de aprobar una ordenanza donde se  exhortaría  a los habitantes y comerciantes  colocar faroles en sus puertas, balcones o ventanas permanentemente durante las horas de la noche. Esta medida fue desestimada debido desde hacía  varios años existía una rebeldía abierta y pública de la población con el ayuntamiento por dictar normas y gravámenes que terminaron empobreciendo aún más a los habitantes de la villa.

La apatía de la población era de tal magnitud que la mayoría de los habitantes hacían caso omiso a las resoluciones del  ayuntamiento  de limpiar el frente de  las viviendas o construir letrinas en los patios (todavía para esa época muchos ciudadanos hacían sus necesidades fisiológicas en los montes cercanos), mientras que los comerciantes, pacotilleros y vendedores ambulantes evadían el pago de los impuestos y otras disposiciones  en completo desafío público, teniendo el ayuntamiento que recurrir a la fuerza pública para tratar de obtener recursos económicos.

En diciembre de  1893, con la determinación  poner en marcha el alumbrado público, el ayuntamiento  decide elaborar un plan para buscar la ayuda del Estado, de funcionarios públicos  y ciudadanos notables con el propósito de recaudar dinero o  recibir en calidad de donación los postes y faroles necesarios para dejar instalado el alumbrado público.

Cuando el ayuntamiento de Barahona declaró en enero de 1894 prioridad el alumbrado de nuestras calles, los ciudadanos verían en pocos meses cumplida una reivindicación de años.

El relato que el movimiento por el alumbrado público de la villa Barahona se inició con la solicitud del servicio al ayuntamiento de parte de un grupo de ciudadanos, forma parte de una tradición oral transmitida de generación en generación en la familia Ramírez- Suero, pero no necesariamente se desarrolló de esa forma.

Cabe destacar que en 1884 la población se extendía  desde la playa  hasta la calle “Mencía” que, al igual que las demás vías de aquella época,  era un estrecho camino sin pavimentar.

Nueve años después la villa había experimentado un notable crecimiento gracias a la apertura del puerto, el  auge de la agricultura y el corte de madera, la siembra de café, caña y las inversiones foráneas. Para el año 1893 el centro de Barahona estaba casi completamente ocupado, obligando al ayuntamiento a demarcar nuevos barrios.

Según un censo  realizado ese año por el ayuntamiento de Barahona,  la villa cabecera tenía 920 habitantes y 191 viviendas. Las  calles más importantes  eran la Consistorial, Canela, Concordia,  La marina, Enriquillo, Las flores y la Estrelleta, todas tenían fama entre los habitantes como muy  oscuras al caer la noche.

Ya para diciembre de 1893 el ayuntamiento había recibido donaciones de faroles y potes para iniciar los trabajos de instalación del alumbrado público, entre ellas cabe destacar los doce faroles del Ministro de Interior Pedro Lluberes y los cinco faroles junto con sus respectivos postes de hierro del  vicepresidente Wencelao Figuereo.

En enero de 1894 los regidores deciden aprobar una resolución para crear una comisión de ciudadanos notables  que visitara a los comerciantes de la ciudad y los convencieran de la necesidad de alumbrar las calles e instarlo a donar los recursos para comprar  los 19 faroles que aún se requerían para iniciar el proyecto de alumbrado público.

De acuerdo con Welnel Féliz  en su obra “Historia de Barahona 1801-1900”, esta  comisión estuvo conformada  por Luis Eduardo Del Monte, Ramón Emilio Sánchez y Santiago Peguero. Estos munícipes lograron a los pocos días recaudar los recursos que necesitaba el ayuntamiento  para poner definitivamente en funcionamiento el alumbrado público conjuntamente con la colocación de la primera piedra de la glorieta del nuevo parque recreativo. Este parque fue concluido en 1899 y fue  llamado por el Consejo Comunal como “Parque Libertad”.

La noche del lunes 26 de febrero de 1894 el ayuntamiento dejó inaugurado en ese lugar, junto con la colocación de la primera piedra de la glorieta, los primeros faroles  del alumbrado público de la villa. El alumbrado público de gas propano que funcionaba para esa época era una estructura de hierro fundido con faroles de vidrios cambiables, dentro de esto había una mecha. No hay constancia escrita de la cantidad de faroles que fueron repartidos por las calles en ese año, pero se cree que fueron más de 36.

La llegada del alumbrado con gas fue una novedad, transformó los oscuros espacios públicos en zonas sociales y de esparcimiento. Con la iluminación de sus calles más importantes, la villa  Barahona se convirtió en unas de las pocas zonas del país con un sistema avanzado de iluminación.

Las primeras resoluciones del Ayuntamiento sobre el alumbrado público fue para nombrar a  Leonardo Suarez como el primer farolero oficial de la ciudad y establecer el horario para el encendido y apagado de los faroles. Suarez, se encargaba diariamente (con una escalera pequeña), de encender las lámparas de las farolas al caer la tarde y apagarla a las diez de la noche.

Este sistema de alumbrado de gas se  utilizó por muchos años hasta el comenzaron a ser sustituidos  por los de electricidad.

El alumbrado público con electricidad llegó tarde en Barahona y de manera desigual. Se conoce que en 1925 el ayuntamiento suscribió un contrato con los señores Alcibiades Alburquerque y Antonio Mota para ofrecer el suministro eléctrico a la población, este servicio estuvo limitado sólo desde siete la mañana hasta las seis de la tarde de lunes a sábado.

 El precio de este servicio eléctrico era bastante elevado, sólo las oficinas públicas, comercios y viviendas  de personas pudientes podían pagarlo. Para aquella época el único lugar que disponía de electricidad las 24 horas del día eran las calles, viviendas y barrancones de los  empleados de la The Barahona Company (antiguo propietario del ingenio), en el asentamiento sub-urbano “Batey Central”, hoy Villa Central.

El alumbrado público con lámparas incandescentes en las vías públicas de la ciudad de Barahona  llegó en abril de  1929 cuando el ayuntamiento suscribió un contrato con la The Barahona Company para extender sus redes de transmisión eléctrica  exclusivamente para el centro  de la ciudad en horario de la seis de la tarde hasta las doce de la noche. Con el transcurrir de los años el servicio fue ampliado a los barrios más apartados, donde residía la población menos pudiente de la ciudad.

La llegada de las lámparas incandescentes en el alumbrado publico de la ciudad de Barahona, no sólo mejoró la seguridad pública, sino que a partir de ese momento  convirtió la noche en día para los ciudadanos.