Articulo publicado en tres partes del 19 de julio al 27 de julio 2014

Por David Ramírez

Pocas playas de Barahona albergan tantas fábulas y leyendas como Punta Inglesa. Algunas,  están relacionadas con supuestos tesoros aún enterrados en  la arena blanca de la orilla por legendarios piratas como Roberto Cofresí, o la supuesta parada obligatoria de filibusteros o corsarios como Francis Drakes, terrores de los navegantes indefensos de aquella época.  Debo aclarar que, mientras los conquistadores españoles saqueaban las riquezas de la América indígena, los piratas robaban esas riquezas a los barcos españoles que las transportaban  (Ver Silvia Miguens Narvaiz,  Breve historia de los piratas). Pero también surcaban en el mar comerciantes ingleses, franceses y holandeses, traficando con esclavos y contrabandeando todo tipo de mercancías.

La presencia en las costas de mercaderes extranjeros ilegales, negreros y piratas en la colonia española, propició el proceso histórico de 1606 que se conoció como “las devastaciones de Osorio” que fue el desalojo  de habitantes y la destrucción de villas en la parte Norte, pero que también llegó afectar  amplia zonas del Sur como Azua, y algunos poblados del Valle de Neiba ya que extensas zonas costeras estaban poco habitadas y la marina española era incapaz de custodiarlas.

La decisión de Osorio afectó toda la estructura social y económica de la colonia.Era bien sabido que, producto de  la miseria reinante,  el contrabando desempeñaba una “función de supervivencia”, constituía la base económica de la sociedad (Ver alther L. Bernecker ,  Contrabando: ilegalidad y corrupción en el México del siglo XIX).

Cuenta la tradición oral comúnmente conocida (que no debe tomarse a priori como una verdad histórica),  que en la época colonial los terrenos donde se encuentra la playa Punta Inglesa era una “zona de nadie”,  muy peligrosa para cualquiera que se arriesgara entrar en ella. Según esos relatos, la zona era utilizada por los traficantes del valle de Neiba para contrabandear mercancías o esclavos con mercaderes extranjeros que llegaban a las costas y que los pirata, como Roberto Cofresí, cuando se sentían acorralados por buques de guerras españoles, hacían breves estancias en el lugar para  enterrar sus tesoros robados.

Lo de  tesoros enterrados resulta inverosímil y hasta podríamos calificarlo de fábulas, es una historia no creíble el marco de una concepción materialista de la historia, muy  a pesar de que el contrabando de mercancías o el tráfico de esclavos  era una realidad en la colonia española y que los piratas hicieron la Ley en la extensión del mar Caribe.

Haciendo acopios de esos datos, resulta que el origen del nombre “Punta inglesa” es otro de los enigmas de nuestra ciudad. Geográficamente hablando, “Punta” es un término que se utiliza como sinónimo de cabo, una versión más pequeña de este accidente geográfico  que se proyecta hacia el interior del mar. Entonces “Punta inglesa”, venía siendo una saliente de rocas y arena  (con cocoteros), de menor tamaño que un cabo.

No tenemos referencias históricas o geomorfologícas de cómo era la playa Punta inglesa en la época colonial, pero sí sabemos que hace unas cuantas décadas esta saliente no era tan extensa, se podía caminar en ella y  llegar hasta su punta, pero, por la erosión y las marejadas de los huracanes, prácticamente ha desaparecido. Tampoco existen evidencias cientificas o documentadas que Punta inglesa fue referencia marítima para los contrabandistas, filibusteros, piratas o corsarios en la época colonial, aunque aseguren que el mismo Francis Drake  la visitó y plantó un letrero en su arena.  De aquella vista panorámica de la “punta” que flanqueaba la playa como si de una gran ensenada se tratara, solo quedan  rocas dispersas y visibles en el lugar. Igual suerte podría correr el manglar de “lagoon arrecifal” de la playa Palito Seco.

El manglar, que  son árboles o arbustos  que actúan como impenetrables barreras en las que se refugian peces, se encuentra en serio peligro de desaparecer ya que el hotel Guarocuya , al carecer de playa, propició la deforestación de esos arboles. De dos exuberante manglares que había en el lugar, hoy apenas queda uno.

Pero volviendo al tema inicial, ya aclarado lo que significa geográficamente la palabra “punta”  ¿Cuál es el origen del topónimo “inglesa” que tiene esa playa? Como todas las leyendas, lo que cuentan historiadores, como Matía Ramírez,  sobre “Punta inglesa”,  es una mezcla de fábulas y leyendas, porque como decía un escritor de cuentos infantiles, entretiene más y es mucho más prestosa que la realidad.

 Plantearemos en la segunda parte de este trabajo de investigación, una hipótesis de donde podría proviene el nombre, sin tratar de "desmitificar"  algunas de esas fabulas o leyendas.

En su libro “Fundación de Barahona”, el poeta y cuentista, Matías Ramírez, nos narra en la página  56, que su abuelo, Tomás Suero, en compañía de su sobrino Ignacio Suero, mientras sembraban  cocos en esa punta, vieron cerca de ella una placa pegada a una varilla de hierro, la tomaron  y trajeron a tierra. En ella traducida al español, porque estaba en inglés, se decía “Aquí estuvo el célebre corsario inglés Francis Drake (año 1776)”, luego, Matías agrega, que por esa causa se le llamó después al lugar Punta Inglesa.

Más adelante, en la pagina 87 del libro, Matía Ramírez narra una historia parecida sobre un corsario inglés, pero  dice que eran “los tiempos de 1774” cuando llegó a la punta y dejó la placa en ese lugar, siendo esto una aparentemente una contradicción.

Lamentablemente, con la obra de Don Matías, a veces el lector no puede deslindar  lo que  es fabula y lo que es verdad debido a que no narra los acontecimientos siguiendo una línea recta, sino que combina pasado y presente; evoca sucesos fantásticos supuestamente ocurrido  aquí y allá llenos de complicaciones innecesarias, luego lo mezcla  con diversas épocas de la historia, pudiendo confundir fácilmente al lector. A pesar de este inconveniente, las narraciones  de Matías Ramírez en su libro “Fundación de Barahona”,  es muy interesante para conocer anécdotas, leyendas, personajes, incluso, para delinear un proyecto de investigación histórica.

Podemos asegurar que,  el corsario inglés que  supuestamente visitó Punta Inglesa  en 1774 o en 1776, no fue el verdadero Francis Drake, el “Terror de los mares” con la patente de corso que le otorgó la  reina Isabel I para saquear las riquezas de las colonias españolas, como  Santo Domingo en 1586. El verdadero Francis Drake  murió enfermo y derrotado  en 1596, en las costas panameñas. La afirmación de que se le bautizó con ese nombre, “Punta Inglesa”, gracias a la presencia en el lugar de  un corsario inglés llamado Francis Drake, es una tesis extremadamente difícil de confirmar desde una perspectiva histórica.

Antonio Sánchez Valverde Ocaña (1729-1790), quien fue un presbítero católico a quien se le atribuye haber realizado  la primera historiografía dominicana, no menciona en su obra la presencia de una punta en la ensenada cercana a la boca del río Neiba llamada “Punta inglesa”, tampoco ese nombre aparece en los mapas antiguos de la isla antes de la creación del Estado Dominicano, lo mismo sucede con el nombre de nuestra ciudad, Barahona.

Si partimos de lo que narra Matía Ramírez en su libro que la fundación de Barahona ocurrió un 4 de junio de 1824 y la tesis de José A. Robert en su libro “Evolución histórica de Barahona” de que se fundó en 1802 (sin especificar el día y mes), entonces esa saliente con el nombre Punta Inglesa no existía al principio y a mitad del siglo XIX. Por tal motivo descartamos que haya sido bautizada por la llegada al lugar de un corsario o pirata ya para esa fecha, a excepción de Roberto Cofresí,  prácticamente habían desaparecido del Mar Caribe.

Durante la conquista, los reyes de los países coloniales, como España, les otorgaban el privilegio a sus navegantes de bautizar  islas, cabos y estrechos. Tal es el caso de Cristóbal Colón, quien  en su segundo viaje  visualizó  una pequeña isla con la apariencia del velamen de una nave y la bautizó con el nombre de  Alta vela o Alto Velo.

Creemos que el nombre “Punta Inglesa” a esa saliente le fue colocado de manera circunstancial, no por un navegante español, sino  por los primeros pobladores de la ciudad de Barahona (tal vez españoles),  hace más de doscientos años. Nuestra hipótesis es que la saliente de lo que se conoció como playa Punta inglesa tuvo una geomorfología muy diferente. Probablemente la saliente no era  totalmente recta ni homogénea, sino curvada, en forma parecida a la punta del mango de  una navaja “punta inglesa”.

La navaja  (cuchillo de origen árabe) Punta Inglesa, fueron creadas por artesanos españoles en la ciudad de  Albacete, España, al principio del siglo XVI. Según especialistas en cuchillos españoles, se le designó ese nombre por la elegancia de su mango curvado y puntiagudo, como la punta de los zapatos inglés usado por los nobles en la corte del rey Jacobo VI.

La navaja Punta inglesa (ver imagen), tuvo mucha popularidad en España y las colonias, ya que fue utilizada por los plebeyos españoles, no solo como herramienta de barbería, sino como arma de “bolsillo” debido a que en el reinado de Carlos I estaba prohibido el uso y posesión de espadas y sables, estas armas estaban reservadas exclusivamente para nobles y soldados. Las navajas Punta inglesa tuvieron su edad de oro en el siglo XVII antes de que el rey Felipe V prohibiera su fabricación y uso en España, medida que no fue acatada en su totalidad por los plebeyos españoles de las colonias, que la siguieron fabricando y portando de manera ilegal durante varios siglos.

El origen del nombre “Punta inglesa” dado a nuestra playa, partiendo de la existencia de ese instrumento, es una hipótesis exclusivamente nuestra, no comprobada aún, difícil de demostrar  ya que, como hipótesis, podría estar plagada de dudas razonables.

 Ahora bien, una vez aclarado ese detalle sobre el topónimo “Inglesa” de la Playa “Punta Inglesa”, es el momento de preguntarnos ¿Existe un tesoro pirata  enterrado en la punta de esa playa? Hay fabulas convertidas en historia, el tesoro de Roberto Cofresí  en la arena de Punta Inglesa es una de ellas.

Las supuestas hazañas de Cofresí en todo el Mar Caribe se ha convertido en leyenda y mitos. Algunos de esos mitos y leyendas muy bien pueden basarse en sucesos reales sobre los cuales no existe evidencia documental (Ver libro de Úrsula Acosta “Quién era Cofresí?”), pero que, transcurrido más de un siglo y medio, aún fascina al público, como aquella historia o leyenda que narra que abandonaba en las playas los tesoros que no podía llevarse en su balandra, haciendo rico a los pobladores de esos lugares.

En el caso de Playa Punta Inglesa es todo lo contrario, su tesoro no lo dejó a la intemperie, en la orilla de la playa, sino que lo escondió en la arena, contraviniendo el mito establecido; su  personalidad de hombre de pueblo, de “Robín Hood” del Mar Caribe. 

El personaje de Cofresí que nos describen las obras de autores extranjeros es muy diferente al personaje que está en los libros de los historiadores barahoneros. 

El pirata Roberto Cofresí es un héroe para muchos habitantes de Puerto Rico, su imagen es la de un pirata noble, idealista, revolucionario y hasta independentista, no un pirata egoísta y cruel, como el que describen al historiador  José A. Robert en su obra, capaz de dejar enterrado a un compañero de aventura en cada hoyo donde guardaba su tesoro. Robert no afirma, pero tampoco niega en su libro el supuesto tesoro de Cofresí en la playa Punta Inglesa, pero pone casos y ejemplos de restos de tesoros encontrados en esa playa como también en la playa de la Ciénaga.

 Matías Ramírez pone en duda el supuesto tesoro de Cofresís enterrado en la playa Punta Inglesa, afirmado que ese pirata puertorriqueño nada más se asomó por la costas de Barahona  para “botar” en la punta su viejo cañón,  “por encontrarlo pesado y anticuado”, siendo esa la razón para que la gente creyera que guardaba ahí (en el cañón), un tesoro. El cañón del que habla Matías deber ser, posiblemente, el que está colocado en el malecón de nuestra ciudad, otros de los enigmas que trataremos más adelante en este libro.

Sólo en la historiografía de Barahona está escrito esas “fabulas” del tesoro enterrado en Punta Inglesa, ya que no aparecen en ningún libro de autores extranjeros,  como la obra de  escritor   Bienvenido Camacho, el único que presentó en su obra a ese pirata puertorriqueño viajando por todo el Caribe o el famoso testamento de Cofresí , supuestamente encontrado en una cueva submarina en Isla de Mona y publicado en la obra de Luis Asencio-Camacho “última voluntad y testamento para la posteridad del capitán don Roberto Cofresí”.

El tesoro de Cofresí  en Punta Inglesa tal vez sea uno de esos cuentos infantiles que algún abuelo amoroso decidió contar a sus nietos a la hora de irse a la cama y, al correr del tiempo, la imaginación popular lo aceptó y lo adaptó como un parte de su acervo cultural e histórico.

Hay pueblos que conservan mitos que con el tiempo lo  convierten en parte de su historia, de su cultura, otorgándole también una función sacrosanta. Pero sacralizar los mitos hace daño a los pueblos, no solo porque falsifica la realidad, sino porque le  impide investigar la verdad o desematizar esos mitos, obligándolo a vivir en la mentira y, con el correr del tiempo, hasta acostumbrarlo  a vivir de ella, imaginándolo en su mente, como si  de una realidad se tratara.

NOTA DEL AUTOR: Este trabajo de investigación  es el capitulo IV  mi libro inédito “Enigmas de Barahona”.