Articulo publicado el 21 de mayo de 2014

Por David Ramírez

Lo recuerdo muy bien porque me tocó vivirlo. Hace aproximadamente 20 o 25 años,  para la mayoría de los  comunicadores serios, escribir un artículo de investigación o  sobre un tema palpitante de la vida nacional,  no era una tarea tan sencilla como ahora. En aquella época no solamente tenía que estar bien empapado del tema, sino saber redactarla de forma clara y precisa.

Antes de escribir un artículo, el comunicador tenía que  revisar la prensa escrita de cabo a rabo, buscar referencias  escritas o  visitar una biblioteca con el propósito de consultar algunas obras  que pudieran  reforzar  la investigación.

A veces, cuando la mente estaba en blanco, cuando uno creía que la imaginación lo había abandonado,  lo más recomendable o usual era ser paciente, sentarse relajado por largo rato frente a una maquina de escribir pensando como hilvanar las  ideas, encontrar las palabras adecuadas y plasmarla en el papel.

Pero entonces aparecía la “magia”. Una vez comenzado el artículo, las ideas  comenzaban a fluir de manera imparable y, para cuando llegaba el momento de terminar lo escrito, no dejábamos de leerlo y releerlo, consultar el diccionario y  corregir los errores ortográficos, de maravillarnos  o hasta apostar  con nuestros amigos que el artículo terminado era mejor que el anterior.

También recuerdo que citar “los clásicos del marxismo” era sinónimo de status  ya que al hacerlo nos daba ese  “aura”  de intelectual  en los círculos de izquierda. Por ejemplo, era común escribir en nuestros artículos “Decía Lenin que el socialismo…”, “Decía Carlos Marx en el Capital que la plusvalía…”. Muchas cosas han cambiado desde entonces, vivimos en la era de la tecnología y el aprendizaje permanente.

Con la llegada de la PC, el Office y otras herramientas   de la maravilla tecnológica, como  Internet, investigar y escribir un artículo resulta ahora más fácil y,  si domina el inglés, mejor aún ya que muchas obras  se encuentran en los archivos digitales de las mejores bibliotecas del mundo, puesto a disposición del público.

Pero también con el Internet llegó el “copy-pega”, una conducta  que se ha vuelto cotidiano en estudiantes y hasta académicos.  Es vergonzoso admitirlo, pero casi la mayoría de  los estudiantes preparan sus tareas escolares con la ayuda de Wikipedia. Para “llenar” la tarea escolar vacían el contenido de lo que buscan sin analizar o investigar si lo que está escrito en esa “biblioteca virtual” es científicamente correcto. Bastas con que esté en Wikipedia para darlo como bueno y valido, luego el paso siguiente es copiar y pegar.


El problema es que con tan abundante material en la red también han aparecido los pseudo articulistas o “comunicadores”. Una batería de farsantes  que nunca en su  vida han leído un paquito de Memín o una novelita de vaquero.

 Esos ladrones de las ideas y las palabras suelen aparecer  en los blog y diarios digitales de Barahona atribuyéndose  artículos que, al revisar exhaustivamente  el contenido y compararlo en los buscadores, inmediatamente nos damos cuenta  que es  un vulgar plagio, total o parcial. Algunos son tan descarados que extraen párrafos enteros de un monográfico o un trabajo de investigación  subido al Internet, sin respetar el derecho sagrado de citar la fuente,  lo cual constituye un grave delito que puede ser penado por la Ley.

Dadas las circunstancias del problema hemos puesto en alerta a varios directores de esos medios. Les hemos advertidos de las consecuencias legales a la que se enfrentan, algunos han prestado atención y retiran inmediatamente el plagios de su blog,  otros en cambio, nos ignoran porque el ladrón, que se hace pasar por “comunicador”, es un  amigo de infancia o  alguien que le ayuda a mantener en su blog la publicidad de tal o cual funcionario del gobierno.

Son tan barbaros,  esos “directores de medios”,  que incluso, llegan hasta  nominarlo como “Articulista del año” en supuestos premios a la excelencia en el área de la comunicación de la provincia.

Consultar o citar una obra siempre y cuando demos el crédito, no es plagio, el atribuirnos el crédito de un escrito que no nos pertenece sí lo es. Por eso advierto a esos blog y diarios digitales de Barahona que al publicar un artículo plagiado no sólo están engañando y le faltándole el respeto a los lectores, sino también están perdiendo credibilidad.

Al publicar un articulo plagiado se estaría violentando o infringiendo uno de los principios más sagrado del periodismo, que es la ética profesional.