Articulo publicado el 8 de diciembre de 2014

Por David Ramírez


Recientemente el gobierno dispuso “segmentar”  o escalonar por días  los pagos de los empleados estatales  para evitar largas filas en las sucursales del Banco de Reservas, pienso que es una buena medida pero no la solución del problema, por lo menos, no para la clase trabajadora en la esfera pública y privada o para los clientes que, por necesidad u obligación económica, tienen que acudir a ese banco a realizar sus  transacciones bancarias.

Es que la solución no es tan simple, las largas filas continuarán, tal vez menos kilométricas que antes, pero continuaran en ese banco  estatal y en algunos privados, hasta que  la clase trabajadora  dominicana  continúe sin  el derecho para disponer de su salario.

Para Karl Marx,  el salario es lo que el patrón  le devuelve al obrero a cambio de su fuerza de trabajo, por lo tanto, el salario es propiedad del trabajador, no del patrono. Siendo así, corresponde al empleado decidir, en concordancia con el empleador, en qué banco o entidad financiera le conviene recibir su remuneración, no al revés, como viene sucediendo en la República Dominicana.

Pongamos un ejemplo para ilustrar lo que queremos decir: Cómo es posible que,  habiendo una sucursal del Banco Popular  frente a su residencia, para cobrar su salario el trabajador  tenga que desplazarse en vehículo hasta una lejana sucursal del Banreservas. El trabajador  se ve prácticamente  obligado hacerlo porque en esa entidad bancaria es donde su empleador  le deposita su remuneración.

Entonces el salario, en vez de ser una “recompensa natural”, como lo calificaba el economista y filósofo Adam Smith, se convierte en un suplicio para la clase trabajadora al tener que hacer una fila inhumana para cobrarlo, muchas veces fuera del recinto bancario bajo la inclemencia del sol y la lluvia. A esto debemos sumarle la pérdida de tiempo y  el  riesgo de sufrir un infarto debido a un enfado por la pésima atención o por la falta de personal de la institución bancaria.

Es cierto que ya existen tecnologías que pueden simplificar el problema, como los cajeros y las transacciones de banco a banco por Internet, el problema es que muchos no saben utilizarlo o se niegan hacerlo porque cuesta dinero ,también porque a veces,cuando hay mucho flujo de pago o retiro, como en los días feriados,lo benditos cajeros están dañados.Se ha convertido en un hábito o rutina que los cajeros estén dañados en días feriados o de pagos que algunos hasta han llegado a creer que los bancos comerciales lo hacen a propósito para limitar el retiro de dinero de sus clientes.

El Estado dominicano, junto con las centrales sindicales, deben consensuar una Ley en el Congreso que permita al trabajador el sagrado derecho de elegir el banco o entidad financiera donde desea recibir su remuneración.El trabajador no puede ser obligado o condenado a mantener una cuenta bancaria en una entidad financiera a la que no le interesa ser cliente.

El monopolio de la nómina del Estado, en manos de Banreservas, es  una práctica anticompetitiva, contribuye a la concentración bancaria e impide que estas instituciones  orienten su servicio hacia la banca personal, por tal motivo los salarios en el Estado y en el sector  privado deben ser liberalizados.

Lo que proponemos no es nuevo, la liberalización del salario existe en Estados Unidos  y Europa. Ya ha sido aprobada también en otros países de América Latina con positivos resultados para el sector financiero. Esta Ley,de ser aprobada crearía  un incentivo para que los bancos o entidades financieras se esfuercen por brindar un servicio de calidad a sus clientes  y sobre todo,  al tratar de captar o retener los salarios de los empleados estatales  y privados, promueve la competencia y  el sano desarrollo en el sistema bancario nacional.

Es una Ley  justa y muy provechosa, tanto para los trabajadores, como para el sector financiero;  para los trabajadores, porque recibirán su salario donde más le convengan y, para el sector bancario, porque tendrán la opción de competir y captar un jugoso mercado cautivo