Articulo publicado el 22 de mayo de 2017

Por David Ramírez

Durante largos periodos de tiempo, los habitantes de la ciudad de Barahona utilizaron el agua del río Birán para el consumo domestico. A partir del principio del siglo XIX, con la llegada de la empresa de capital norteamericano, la The Barahona Company, a la zona del antiguo Batey Central, hoy Villa Central, y la construcción del segundo ingenio azucarero más grande del país (luego de adquirir las propiedades del cubano Joseph Eleuterio Hatton), la ciudad experimentó un crecimiento poblacional y por ende, el incremento de la demanda de servicios de agua potable y energía eléctrica.

Ya en aquella época se había producido la Primera Ocupación Norteamericana a la República Dominicana. No nos corresponde, dada la limitaciones de este breve artículo, estudiar las causas que llevaron a cabo dicha intervención. Pero una notable característica de la ocupación que repercutió bastante en todo el territorio fue la desarticulación de la vieja estructura económica colonialistas por una nueva, entregada totalmente al capital extranjero en complicidad con la burguesía local.

En Barahona, las prácticas injerencistas y economicas de la ocupación norteamericana no fue la excepción.

La The Barahona Company, con el apoyo tácito de los marines y las grandes firmas bancarias internacionales (dueñas del mismo ingenio azucarero), practicaron el despojo y o la compra bajo métodos inmorales de grandes posesiones agrarias para el cultivo de la caña. Este despojo implicaba también el usufructo de nuestros ríos y arroyos con unos niveles de explotación y afán de lucro nunca antes conocido en la historia.

Los ocupantes norteamericanos hacían y deshacían a su antojo en Barahona, todo esto para favorecer a los inversionistas de la Barahona Company. Los ocupantes no estaban solos, tenían a su favor la complacencia y apoyo de la nueva burguesía comercial barahonera que veían estas prácticas una supuesta manifestación de progreso.

Uno de esos negocios pingue de la empresa extranjera, lo realizó con el ayuntamiento local. cuando la ciudad requería de un acueducto para suplir la demanda de agua potable de los habitantes. Resulta que al principio de 1919, los ocupantes militares extranjeros publicaron una resolución donde autorizaba a la The Barahona Company (la Orden ejecutiva 318), tomar agua de nuestros ríos y arroyos a razón de un litro por segundo por cada hectárea de tierra, El agua sería usada por la empresa extranjera en sus plantaciones cañeras y en la planta de su ingenio azucarero, ubicado en el Batey.

Al año siguiente, el 7 de agosto de 1920, el gobierno de ocupación modifica la orden, la misma autorizaba a esa empresa de capital extranjero a tomar del arroyo Palomino hasta la cantidad de 142 litros de agua por segundos, para construir una represa.

Los inversionistas de la Barahona Company, carentes de grandes extensiones de terrenos en el batey para hospedar a sus ejecutivos y trabajadores, notaron que la ciudad no contaba con un acueducto de agua potable, así que los ocupantes norteamericanos autorizaron a la empresa venderle el agua del arroyo Palomino a la ciudad bajo precio arbitrario, supervisado además bajo los términos del ocupante.

El problema del ayuntamiento Municipal en aquella época era que no contaba con los recursos económicos necesarios para poner en marcha la construcción del acueducto, así que los miembros más entreguistas de la burguesía local presentaron al ayuntamiento y la Sala Capitular lo aprobó, una de las transacciones más viles y traidora que conoce nuestra historia: la venta a “precio de vaca muerta” de grandes extensiones de terrenos en lo que hoy se conoce como Villa Central a la The Barahona Company El precio fijado por la Sala Capitular de aquel entonces fue por valor de cinco mil pesos.

El acueducto fue inaugurado en julio de 1922, pero un mes más adelante, el 9 de agosto, la Sala capitular, con el pretexto de que dicha medida facilitaría el buen funcionamiento del nuevo acueducto, aprobó una resolución considerada “injerencistas” por muchos barahoneros nacionalistas de aquella época. Dicha resolución facilitaba al gobierno ocupante el libre acceso y reglamentación del uso del agua proveniente del arroyo Palomino a todos los habitantes de la ciudad.

Así que con esa resolución, los marines norteamericanos establecidos en la ciudad, podían visitar en el día las casas particulares, oficinas públicas y privadas y reglamentar el uso del agua de nuestro acueducto, construido con dinero que el ayuntamiento recibió por vender propiedades del pueblo. La vergonzosa resolución de marra le daba el privilegio a los norteamericanos tener acceso en los lugares donde quiera que estuviese instalado una pluma proveniente de nuestro acueducto.

Con la construcción del acueducto se solucionó un grave problema en la ciudad, pero la gran beneficiada fue la The Barahona Company, ya que por el suministro de agua del arroyo Palomino el ayuntamiento tenía que pagarle a la empresa de capital extranjero la suma de RD$ 175 pesos mensuales.

Pero ahí no termina la historia. El extenso terreno “comprado” como baratija al Ayuntamiento Municipal, resultó ser un gran negocio para la The Barahona company. La empresa extranjera construyó un pequeño Estado azucarero, un territorio con sus leyes e infraestructuras económicas. En dicho “mini Estado” a pocos kilómetros de la ciudad, se instalaron negocios dependientes de la industria azucarera, las oficinas de la empresa, las lujosas viviendas y campo de golf para los ejecutivos, hasta un aeropuerto.

Pero también, dicho Estado azucarero dio lugar al nacimiento de una nueva clase social, el proletariado rural, también de una clase social media de “cuello blanco” convertida en los trabajadores de oficina de la empresa extranjera.

Fueron estas dos clases sociales que años más tarde iniciaron el proceso de transformación económica y política de lo que algún día sería llamado Villa Central.