Articulo escrito el 13 de octubre del 2011

Por David Ramírez

Un pariente cercano, que permanece interno en un hospital de Santo Domingo, me solicitó que le comprara un par de novelitas de vaquero ya que el aburrimiento en el nosocomio ha sido para él, quizás la peor de todas las enfermedades.

Para mí tal pedido fue una sorpresa, yo pensaba que ese tipo de literatura, muy popular en las décadas de los 60 y 70, ya no se vendía en las calles, porque a decir verdad, tenía mucho tiempo sin ver un quiosco de paquitos y novelitas de vaqueros, llamadas comúnmente "western", un anglicismo aceptado por el Diccionario de la Real Academia Española.

Este tipo de literatura, tanto ilustrada como escrita, (a pesar de que la crítica no la considera como tal porque su calidad literaria está entredicha), fueron la delicia para muchos jóvenes de aquella época, incluyéndome claro, porque eran baratas, de fácil lectura y se podían intercambiar.

Su trama estaba ambientada en territorios inexplorados y salvajes del viejo oeste americano, cargadas con cierta dosis de erotismo, con chicas que bailaban en salones y prostitutas retiradas sirviendo whisky barato.

Todas estas novelas tenían un denominador común, estaban protagonizadas por personajes fríos, solitarios, rudos, con nulos sentimientos y a veces ingenuos, pero rápidos con el revolver.

Combatían en ciudades sin ley a los bandidos, cuatreros, tahúres y los indios “salvajes” que mantenían en jaque a las caravanas y diligencias.

Personajes de novelas ilustradas como “El llanero Solitario”, “Red Ryder”,” Gene Autry”,” Hopalong Cassidy”, “Roy Rogers”, entre otros, eran referentes dentro de la cultura del ocio de aquella época.

Recientemente me enteré que autores emblemáticos y con fertilidad creativa como Silver Kane, Keith Luger, Clark Carrados, Lou Carrigan, Curtis Garland, entre otros, fueron españoles que escribían novelitas "western" detrás de un seudónimo sonoro en inglés porque así lo exigía la Editorial Bruguera. Algunos, como Marcial Lafuente Estefanía, rara vez visitaron el territorio de Estados Unidos, pero describían paisajes y ciudades del viejo oeste americano de una manera creíble y asombrosa siendo ellos escritores europeos.

Pero detrás del éxito y fama de esos autores españoles, la mayoría ya fallecidos, se escondía un lado triste; fueron escritores desempleados, angustiados por las necesidades económicas, con sus obras literarias vanguardistas y revolucionarias crucificadas por la censura de la dictadura franquista. Escribían novelistas " western”, policíacas y de ciencia ficción en una noche y las vendían al día siguiente al mejor postor por unos cuantos centavos.

Aunque no se les puede colocar al lado de un García Márquez o un Jorge Luis Borges, todos ellos fueron iconos que llenaron nuestra juventud de fantasías, hicieron volar nuestra imaginación y dieron otro color a nuestras vidas.

Después de conocer el lado triste de cada uno de esos autores y de otros que no tuvieron tal suerte, quedé muy impresionado, porque cuando se tiene talento y perseverancia, se puede vencer la mordaza de la censura e injusticia de un régimen dictatorial.

A todos ellos, muchas gracias.