Articulo publicado el 23 de junio del 3013

Por David Ramírez

Ubicada en el centro de Barahona se encuentra  una de las edificaciones más emblemáticas, no sólo por su gran valor arquitectónico, sino por ser testigo de nuestro rico legado histórico y cultural. Se trata de la vieja casona de madera, conocida por muchas generaciones como  “El Ateneo”.

Esta antigua edificación, declarada patrimonio cultural de la nación, guarda entre sus paredes grandes secretos e historia que los barahoneros desconocen.

Tras promulgarse  el 26 de febrero de 1913 el decreto 5203, pasó a ser oficialmente el despacho presidencial del entonces presidente provisional de la República, Adolfo Alejandro Nouel y Bobadilla, conocido como Monseñor Nouel.

Es muy lamentable que de este patrimonio, pesar de ser una de las joyas arquitectónicas de la ciudad, existan pocos registros históricos (levantamientos de archivos y uso de documentos oficiales), que nos ayuden a validar científicamente en qué año fue construida y quiénes fueron sus primeros inquilinos o propietarios.

El doctor Bienvenido Matos Pérez, presidente del Ateneo, nos reveló que esta casona perteneció a un rico comerciante llamado Luís Antonio Sánchez, quien terminó de construirla en el 1906. Pero nuestras investigaciones no encontraron ningún comerciante con ese nombre y apellido en el registro del ayuntamiento en los primeros años del siglo XX, aunque debemos admitir que en 1910 estaba registrada en el ayuntamiento una compañía con el nombre de Sánchez y hermanos.

El historiador Werner Féliz cree que en el lugar donde está construida la casona (en el mismo centro de la población primaria), pudo haber existido otra vivienda ya que para el año 1885 no había solares vacío en esa zona. Es probable que esta edificación pudiera haber sido construida  por una persona muy pudiente de la ciudad, tal vez  un rico caficultor o comerciante potentado.

Hemos sabido de fuentes fiables que en ese lugar funcionó, al principio del siglo pasado, una escuela llamada “El Salvador”. Luego, por espacio de poco tiempo, el gobierno habilitó una cárcel.

Rebuscando entre los archivos históricos de la ciudad pudimos confirmar que ya para el años de 1910 funcionaba en ese lugar la Gobernación Provincial. En 1913, cuando monseñor Nouel se aloja en Barahona, la casona es cedida por la Gobernación al ejecutivo para que le sirviera como despacho oficial  ya que, por su posición  jerárquica, era la única edificación pública confortable y amplia en esta ciudad.

Tenemos entendido que en la década de los treinta, una parte del personal del Ayuntamiento (cuyas oficinas principales estaban ubicadas en el edificio del cuerpo de Bomberos), funcionó provisionalmente en este local antes de que fuera inaugurado el palacio Municipal en 1936.

En el 1953, cuando la Gobernación Provincial  inaugura su actual sede, que hoy ocupa con el Ministerio de Agricultura, esta casona pasa a ser las oficinas de la Cámara de Comercio y de un instituto comercial de la misma institución. Años más tarde el ayuntamiento la convierte en su Biblioteca Municipal.

En la década de los sesenta, después de la desaparición de la dictadura Trujillista, esta casona (ya convertida en biblioteca), fue el punto de reunión de intelectuales, bohemios, poetas y jóvenes  barahoneros enamorados de la literatura. También lugar predilecto de artistas barahoneros y de otras provincias para exponer al público sus mejores cuadros o pinturas.

Se recuerda que en esta casona se reunía (y de vez en cuando todavía se reúnen), los miembros del Ateneo de Barahona, también fue el local de reunión de los  miembros de clubes y  sociedades culturales de la ciudad como “Los buenos amigos”, “José A. Robert”, “Salomé Ureña”, “Sol naciente”, y otros.

En esta vieja edificación también se presentaron actividades artísticas inverosímiles. Al final de la década de los sesenta se presentó un  espectáculo curioso de un hombre partido por mitad. El público abarrotó el lugar con una mezcla de incredulidad, miedo y curiosidad.

Hace unos años el Ayuntamiento decidió convertir la casona en un museo de historia bautizándola con el nombre de unos de los prohombres de esta provincia, el doctor Antonio Méndez. Tenemos información que este museo nunca ha podido abrir sus puertas.

Si las paredes de esta vieja casona hablaran nos revelarían detalles que aún permanecen en secreto sobre el acorralamiento político, angustia y soledad por la que atravesó monseñor Nouel cuando tenía su despacho presidencial en ese lugar. Si esto sucediera, los libros de historia tendrían que ser reescritos.