Articulo publicado el 2 de agosto de 2014

Por David Ramírez

Según la historiografía tradicional de la Guerra de la Restauración dominicana, que inició el 16 de agosto de 1863 con el “Grito de Capotillo”, como todas las guerras, despiadadas y sangrientas, marcó para siempre al pequeño poblado de Barahona. Para algunos historiadores uno de los sucesos más notables y traumáticos de esa guerra para los habitantes, lo fue el  incendio del poblado,  atribuido al teniente coronel Angel Félix (Angelito Liberata).

Cuando la Común Barahona  fue, supuestamente incendiado en 1864, apenas se estaba recuperando de un desvastador  ciclón que destruyó bohíos y embarcaciones en el puerto  en 1855 y de un incendio  ese mismo año provocado por José Báez, hermano del ex presidente Buenaventura Báez, en su disputa por  el predominio del poblado con el comandante de arma, coronel José Legel, en la fracasada conspiración del 25 de marzo.

Vale la pena recordar que no solo el rancherío de bohíos dispersos llamado Barahona fue  incendiado durante la Guerra de la Restauración,  también le prendieron fuego a grandes poblados, como Puerto Plata, Baní y Santiago.  Aparte de la táctica de guerra de guerrilla aplicada por los comandantes restauradores, como Gregorio Luperón, Pedro Antonio Pimentel  y José María Cabral contra las tropas españolas al mando del capitan general José de la Gándara, había en la fila restauradora, generales, como Gaspar Polanco  y Pedro Florentino, que aplicaban otras tacticas usadas en muchas guerras en toda la historia, como las Napoleonicas.

Una de las facetas mejor conocida era la "política de tierra quemada" o de "tierra arrasada", una táctica militar de doble filo, consistente en destruir cualquier cosa que pudiera ser de utilidad para el enemigo , como la quema de viviendas, provisiones con que sostenerse y las ejecuciones de los habitantes que simpatizaban con la causa enemiga.

 Las ejecuciones y las quemas de poblados es uno de los capitulos  más oscuro de La Guerra de la Restauración puesto en practica por  generales anárquicos, despiadados e incontrolables que “ingresaron en las filas restauradoras, más por  odio a Santana que por amor a la Patria” (Ver Juan Isidro Jímenez Grullón, “República Dominicana una ficción”). Del  incendio de Baní y parcialmente el de  Azua se responsabiliza al general  Pedro Florentino en una de sus “rabietas” debido a la traición de algunos generales de esos poblados, el de Santiago lo ocasionó  el general Gaspar Polanco durante su retirada, el fuego se propagó debido a la presencia en muchas casas y almacenes de bebidas espírituosas y resinas.

En el caso de la Guerra de la Restauración, el ejercito español, aunque menos numeroso, estaba mejor armado, organizados y  dirigido por militares con experiencia en otras guerras, como la de Crimea, en comparación con los insurrectos o restauradores, comandados en su mayoría  por generales analfabetos, mujeriegos y amantes de empinar el codo.

El ejército restaurador estuvo integrado por campesinos

El ejército restaurador estuvo integrado por campesinos equipados sólo con un viejo fusil o carabina,  un machete, semidesnudos, mal alimentado  y con un macuto al hombro, pero con el conocimiento de los montes, de las sendas y de los varos. “En cualquier ejército regular de la época, tal estampa del soldado hubiera causado burla y desaprobación” (Ver José Abreu, “Guerra de Liberación en el Caribe hispano 1863-1878”).

La guerra de la Restauración se diferenció de la guerra contra Haití porque los insurrectos no fueron  un instrumento de los caudillos, “la presencia espontánea del pueblo en el seno de los ejércitos que se fueron formando y por el origen también popular de casi todos los mandos militares” (Ver Juan Isidro Jímenez Grullón, “República Dominicana una ficción”), dieron a esta guerra una carácter  revolucionario, una guerra para restaurar la patria dentro de un marco político que garantizara el ejercicio de la libertad.

Para algunos historiadores, gracias a la tácticas de guerra de guerrila, la quema de poblados, el cansancio, las enfermedades como la fiebre amarilla y el desaliento ayudaron a demorar el avance de las campañas militares de La Gángara en el Norte y el Sur, haciendo comprender a  la Reyna Isabel II  que,en  esa guerra (cada día más impopular y costosa en España),  cada batalla suponía un riesgo de derrota en un territorio como Santo Domingo, que no era de vital importancia economica para el imperio español, como lo eran Cuba y Puerto Rico.

En el arte de la guerra, La Gángara  subestimó al ejército restaurador y revolucionario en ferocidad y tenacidad. Aunque el general  La Gángara no salió derrotado en ningunas de las batallas durante su campaña por la región Sur, su ejercito perdió la iniciativa en una guerra que se vislumbraba larga, según Mao Tse Tung, el ejército que pierde la iniciativa es derrotado por regla general.

Las tropas españolas tuvieron que retirase de nuestro territorio el 11 de julio 1865. “La Guerra de la Restauración Dominicana costó a España más de 20,000 muertos, más los hombres que quedaron inútiles o marcados física o psíquicamente de por vida”. (Ver Maritza Pérez Dionisio  "Santiago de Cuba y la Guerra de la Restauración de Santo Domingo, 1863-1865" Revista Clío 179 pag  109).

Años después de concluida la Guerra de la Restauración, el general La Gángara publicó en 1884 un voluminoso libro, en dos tomos, de su diario de campaña  titulado “Anexión y guerra de Santo Domingo”, revelando muchos detalles de sus batallas  militares con los rebeldes del Sur encabezado por Pedro Florentino, Aniceto Martinez y Angel Felix, aportando datos desconocidos hasta esa fecha. El libro de la Gángara es un referente obligatorio para los historiadores que desean investigar a fondo el comportamiento, las estrategias y tacticas en las batallas del ejército español  con los insurgentes y la visión que tenían ellos de sus cabecillas.

¿Prendió Liberata fuego a Barahona con mujeres y niños?

En el libro séptimo de su diario de campaña, el general La Gángara, aborda las batallas escenificadas en el Sur dominicano. El desalojo y quemas de ciudades por el bando contrario, entre ellas el incendio del poblado Barahona ocurrido en 1864. Otras de las obras que nos ofrece una visión de la guerra desde el lado de la corona española  fue la que escribió en 1870 el capitan del ejército español Ramón González Tablas “Dominación y última guerra de España en Santo Domingo”, testigo directo de muchos sucesos en el Cibao durante la guerra.

Del  desarrollo de la Guerra de la Restauración en el Sur queda el enigma de que si la Común Barahona  llegó a quemarse  en su totalidad . El general La Gángara revela en su diario que Liberata le prendió fuego a Barahona con mujeres y niños dentro de sus casas, acusación que, como veremos más adelante, podría no ser cierta.

 Algunos libros, nos acercan un poco a la verdad sobre las crueldades de algunos cabecillas del ejercito de la Restauración. Existieron voces patrioticas que nunca comulgaron con esos actos despiadados  y lo denunciaron publicamente, como el general Gregorio Luperón, el guerrero de la libertad.  En cambio, algunos intelectuales orgánicos de la era de Trujillo, nos relatan una historia muy diferente. Una historia que busca justificar una conducta injustificable, donde prevalece el patriotismo tradicional y el culto ciego a la gloria militar de algunos cabecillas  restauradores, cuyo simbolo era el machete, sin reconocer los desmanes y la indisciplina  de algunos, como Manuel El Chivo y Perico Salcedo,  que hacian odiosa la noble causa de restaurar la republica.

Cuando se produjo la anexión a España, por parte del general Santana, el dominicano era un pueblo esencialmente agrícola (Ver Francisco Javier Gómez "El P. José J. Cotanilla en la Santo Domingo española 1861-1862"), el tabaco representaba la base de la economía del norte, especialmente en el Cibao, mientras que en el Este y en el Sur persistía el latifundio ganadero y forestal.

Al principio, la entrega de la soberanía a esa potencia extranjera, por un amplio sector de la alta y  pequeña burguesía comercial  en asociación con los decrepitos hateros del Este y el Sur, (representado politicamente en los caudillos como Santana y Báez, quienes se disputaban el poder encarnizadamente), pareció no importar a la clase media urbana y al campesinado ante el temor de nuevas invasiones haitiana y por la situación de miseria del país.

Cuando se anunció la anexión España, en muchos poblados, como Barahona, se organizaron fiestas y se emitieron proclamas publicas  de apoyo, como el pronunciamiento emitido  el 19 de marzo de 1861 (Este pronunciamiento sólo se reproduce en nuestro  libro “Enigmas de Barahona) firmado por la autoridades civiles y militares, entre ellos Angel Félix (Angelito Liberata),Silvain Coiscou,Tomas Suero,entre otros.

Cuando se produjo el Real Decreto, de 24 de abril de 1861, que declaró a Santo Domingo parte integrante de la Corona, fue  Angel Félix (Angelito Liberata), en calidad de comandante de Arma, el militar que arrío la bandera dominicana e izó la bandera de España. Meses después, Liberata presenta su renuncia al gobernador de Azua, general Abad Alfau, siendo sustituido por Tomás bobadilla hijo.

¿Por qué Angelito Liberata se une años más tarde  al movimiento restaurador? Al producirse la anexión muchos militares aspiraban a pasar al ajercito español con iguales grados militares que los que les habían sido otorgados por gobiernos dominicanos (Ver Juan Bosch “La guerra de la Restauración y la Revolución de abril”), pero esas aspiraciones no fueron aceptada por el ejercito de España,  como lo explica la Gángara en su libro, porque un soldado raso español no iba a aceptar las ordenes de un general  negro o mulato (al que consideraban seres inferiores), que se paseaba semidesnudo por un mercado comprando frutas.

Muchos generales y coroneles pasaron a la reserva como miembros de la milicia ciudadana,sin rango ni autoridad de mando en el ejercito español,como Angelito Liberata, ganando un sueldo de miseria de 40 pesos al mes. Liberata, como muchos militares dominicanos, que habían peleado en guerras contra Haití y en alzamientos militares, se sintieron humillados.

El libro “El alzamientode Neiba” de José Abreu nos da una idea sobre las condiciones de pobreza en la que se encontraba viviendo Liberata, en el poblado Rincón, hoy Cabral, unos años después de pasar a la reserva.

En esa fecha corría un chisme, echado a correr dizque por una señora llamada Bartolina Ramón, que llegó a los oidos de la comandancia de Neiba. Decía el chisme que Domingo Serrano (Minguina) había encontrado a Liberata matando un marrano para vender su carne ya que no tenía dinero para mantener a su familia, revelandole su estado de miseria y quejándose de que ya nadie le fiaba o le prestaba dinero, añorando los tiempos cuando era  comandante de la plaza de Barahona.

Basado en interrogatorios, Liberata, supuestamente, le confesó a Minguina que solo esperaba que estallara una revolución para cambiar su suerte.A pesar de que se interrogó a varias personas, este chisme, nunca fue comprobado por la comandacia de Neiba.

La gran campaña de revancha contra el Sur del general La Gándara

Antes de los levantamientos de 1963, hubos varios intentos que terminaron en fracasos, entre ellos, cabe destacar la del 2 de mayo del general José Contreras, aplastado a sangre y fuego por Santana, la expedición del patricio Francisco del Rosario Sánchez y el general José María Cabral, que culminó con el fusilamiento del primero y parte de sus compañeros; también la primera rebelión originada en el Sur el 3 febrero de 1863.

Para esa fecha, un grupo de 50 hombres,  liderado por el general Cayetano Velásquez, asaltó la comandancia de arma de en Neiba, tomando prisionero al coronel Tomás Bobadilla hijo y los demás miembros de la comandancia. El amotinamiento fue rápidamente sofocado y aparentemente no tuvo mayores consecuencias. “Esos movimientos fracasaron porque España reaccionó con rapidez y mano dura” (Ver Emilio Cordero Michel "Características de la GuerraRestauradora, 1863-1865" revista Clío No 164).

En 1963, cuando se inciaron las campañas militares en el Cibao y la Linea Noroeste contra la anexión española y varios pueblos fueron atacados y tomados por los Restauradores, en la región Sur la situación permaneció tranquila por mucho tiempo, practicamente al margen debido al celo historico que existía entre los generales de Norte y el Sur, pero todo camenzó a cambiar cuando el general Luperón envía al general José Durán con tropas a ocupar San Juan de la Maguana, también con la orden precisa de reclutar a Pedro Florentino como jefe de operaciones del Sur, donde tenía “propiedades, residencia y un prestigio casi avasallador”.Cabe destacar que el general Florentino,como baecista,  fue uno de los firmantes anexionístas del documento del 20 de marzo de 1861.

Ya convertido en líder conspirador restaurador del Sur, Florentino atrae para la causa a los generales Aniceto Martínez y los coroneles Francisco Moreno, Angel Felix (Liberata), entre otros. Inmediatamente logran sublevar El Cercado, Sabanamula, y San Juan, días después, como reguero de pólvora, sublevan y ocupan  los poblados Las Damas (Duvergé), Barahona, Cabral y Neiba.Las victorias del general Florentino, quien hasta entonces lucía impecable, imbatible y omnipotente, fueron sumandose una tras otras; a los pocos meses sus tropas ya ocupaban Baní, San Cristobal y rodeaban en Azua a las tropas del general Eusebio Puello.

La ocupación de San Cristobal por los restauradores "alarmó a la corona española”. El ejército español, que se había refugiado o protegido en la ciudad amurallada de Santo Domingo y que Florentino creía en desmoralización, recibió refuerzos de Cuba y de Puerto Rico que le devolvieron su moral” (Ver Sócrates Nolásco “Pedro Florentino y un momento de la restauración”), entre los recien llegados  se encontraba el general José de la Gándara, sustituyendo al coronel Salvador Arizó,  muerto en Puerto Plata.

La Gándara inicia el 15 de octubre de 1863 “la gran campaña de revancha contra el Sur” dando su fruto en el combate del Guanal de Paya donde derrotó a las tropas restauradoras de Florentino que, desorientado y desmoralizado,  le prende  fuego a Baní, llevándose en su retirada  gran cantidad de rehenes a los que fué ejecutando uno por uno en su escapada hacia San Juan de la Maguana.

A partir de esa derrota, la estrella del general Pedro Florentino y su Estado Mayor, comenzó apagarse. Las tropas del general la Gándara avanzaban victoriosas por el Sur  encontrando en su camino poca resistencia.

Diezmados los restos del ejército del Sur,  en fuga pánica,  los pocos que logran escapar con vida, huyen hacia Neiba. Cabral y Barahona, procurando el amparo de su jefe regional, el coronel Angel Félix (Liberata),  que se había mantenido hasta entonce victorioso en los combates. Ocupado ya Azua, La Gándara  dirigue  sus tropas hacia Neiba siendo acosado ocasionalmente en el camino por tiradores de Felix, ocupando ese poblado el 2 de febrero de 1864  sin que los patriotas restauradores presentaran batalla.

Luego de conversar con los pocos habitantes que no se habían refugiado en los montes cercanos, La Gándara emprende la marcha a Rincón y luego a  Barahona, plaza defendida por el mismo Angel Felix (Liberata) y cuando llega, el 7 de febrero al poblado, ya los restauradores habían escapado ( después de haber disparado un cañonazo contra el buque Isabel la Católica) encontrandose con el  incendio de algunas casa  y  escribiendo en su diario  “como si la indefensa Barahona tuviese la culpa de que ellos no pudieran hacer frente una sola vez a nuestras bayoneta, soltaron contra ella a sus feroces incendiarios” (Ver José de la Gándara “Anexión y Guerra de Santo Domingo”). Teniendo, según el general español, sus soldados “el consuelo de salvar a las mujeres y niños que había en el pueblo, y la satisfacción de evitar que éste ardiera por completo”.

De octubre de 1863 a febrero de 1864, San Cristóbal, Baní, Azua, Neiba, Barahona, San José de Ocoa, y San Juan de la Maguana fueron quedando, una a una, bajo el mando español. La caida de Barahona, marcó el fin de Pedro Florentino como jefe de operaciones del Sur, la junta revolucionaria perdió la paciencia con sus pillajes, crimenes y destrucción, lo destituyó y luego lo “aparcó” en la frontera con Haití en posición de “reposo”,  junto con su Estado mayor, entre ellos, Angelito Liberata, hasta la llegada del general Juan de Jesús Salcedo, que  como su sustituto,  tampoco hizo gran cosa. La situación militar se estancó.

La guerra revolucionaria en el Sur al final se había convertido en un desastre militar en manos de Pedro Florentino, Aniceto Martínez y Angel Félix (Liberata), el descredito, la indisciplina  y la desmoralización era muy grande en la fila restauradora, peor aún cuando se corrió la noticia que a Florentino,  luego de una borrachera, su asistente, el coronel Juan Rondón, lo había asesinado mientras se encontraba durmiendo, inconforme  con el reparto del botín que lograron saquear de Azua y San Juan de la Maguana.

Cuando se creía que lucha patriotica en la región Sur era una batalla perdida, en seguida el General Ramón Matías Mella, enfermo y casi agonizando, pasó al Sur e impuso interinamente al General Manuel María Castillo, quien le dio un giro positivo a la causa hasta la llegada de José María Cabral desde Haití en junio de 1864.Cabral, un general sancristobalense,con dotes de guerrero en el campo de batalla y decente con sus enemigos, en un par de batallas derrotó y desalmó a los españoles juntos con sus aliados criollos, determinando el curso de la guerra restauradora.

No hay evidencias creibles de que Angel Felix (Angelito Liberata) quemó Barahona

Partiendo del diario de campaña de La Gándara, este escribío que sus soldados evitaron que Barahona ardiera por completo. ¿De   donde sale  la tesis que Angelito Liberata le pegó fuego al poblado y este fue consumido por las llamas? La misma es   sustentada por dos ilustres historiadores barahoneros, conspicuos intelectuales de la tiranía de Trujillo, muy dados en sus   obras al uso sistematico del mito como instrumento de desconstrucción de la historia; se trata de Sócrates Nolásco y José A.   Robert.

 Nolásco y Robert tienen una versión mínimamente diferente el uno del otro de aquellos sucesos, incluso, hasta llegan a  aceptar como verídicos que los  barahoneros se sintieron orgullosos por el supuesto incendio de Angelito Liberata. Robert en  su libro “Evolución histórica de Barahona” nos  narra que  Angel Félix (Liberata), le prende fuego a Barahona “para que los  españoles se alojen en el infierno” y coincide con el ensayo  de Sócrate Nolásco  “Pedro Florentino y un momento de la  restauración”, donde  narra que la primera casa en ser quemada fué  la de Bartolito Maggiolo, un inmigrante italiano,  comerciante  de la madera y compadre de Liberata.

Según le contaron a Robert,el incendio sólo dejó en pie la casa en las afuera del poblado de una tal “Yaya”,quien parecía el   doloroso mal de San Lázaro (lepra). Sócrates Nolásco llega a recoger el testimonio de que Liberata también prendió fuego a la   iglesia, construida en 1860, por ser también uno de los mejores alojamientos del poblado.

Don Matías Ramírez en su libro “Fundación de Barahona”,  tiene otro testimonio (más creible para nosotros),  de lo que pudo   haber ocurrido ese día en el poblado cuando ingresaron las tropas españolas al mando de la Gándara. En ningúna pagina de  su  libro, Don Matías Ramírez narra que Barahona fue incendiada por Angelito Liberata, ni tampoco que el  poblado se quemara  por  completo junto con su iglesia durante La Guerra de la Restauración.

El cuentísta y poeta Ramírez, sólo se  limita a narrar que los  disparos del  buque “Marqués de Comillas” (En la Bahía de Neiba sólo estaban los cruceros de guerra Isabel la Católica y  El León, no existió ningúno llamado “Marqués de Comillas”), al cañonear   el poblado destruyó las  casas de; Nolásco Suero, Buenaventura Canario, la de Bandaré el holandés,   Ramona Chanlate, la de  Pereno y varios bohíos  cercanos a la playa llamado “Los pescadores”. Debo aclarar que lo Matías  reconoce como  “casas”  en su mayoría no  eran más que bohíos techados con  palma, desparramados en el poblado y sin orden, sin sistemas de alumbrado ni sanitario, ni siquiera  las calles  estaban trazadas porque el poblado había evolucionado a partir de 1881 con la declaración como Puerto Marítimo y conforme se generalizaron la explotación de los bosques y la expansión del comercio.

Matías narra en su libro que Barahona era defendida por Liberata al momento de ser atacada por los barcos de guerras  españoles y  Nolásco asegura que éste llegó al poblado cuando esos mismos barcos cañoneaban a los restauradores desde la   Bahía de Neiba.Nolásco describe la llegada al poblado del  coronel Angelito Liberata como si de una figura apocaliptica se   tratara, escribió que Angel Félix ; "llegó del poblado de Neiba (distante 66 kilómetros) corriendo en su famoso caballo Prieto".Eso podría   indicar que,productos de los proyectiles de los cruceros de guerras, ya muchos bohíos  se encontraban  ardiendo en llamas,mucho antes de que  Liberata supuestamente ordenara quemar a Barahona. Esa historia del incendio de Barahona tiene demasiados cabos sueltos, como   veremos más adelante.

Sócrates Nolásco llega a escribir que Liberata encontró a sus tropas acorraladas por los proyectiles de los barcos de guerras   y en su desesperación por quitarse de encimas esas "petacas",("Para Angel Félix, encolerizado, los barcos de guerra de los  enemigos eran petacas), llega a fusilar a un "espía o traidor" para amendrentar a un prisionero de guerra,un artillero   españolizado  de nombre Nicolás Ramón,quien era el único que sabía disparar el cañón apostado en el Cayo.Según Nolásco,   Liberata logra intimidar a Ramón y éste “corrigió el emplazamiento y la puntería del cañón, y disparó: dos balas cayeron   sobre cubierta del Isabel la Católica lleno de tropa, y los barcos se alejaron, cesando de disparar”. Sin embargo, el general   la Gándara dice en su diario que fueron dos los cañones, no uno (de tres que tenían emplazados los restauradores), los que   dispararon contra los buques  españoles, "ambos de hierro y en buen  estado”, el otro era viejo y al parecer no estaba en   condiciónes  para ser usado en ninguna batalla.

En su libro “Evolución histórica de Barahona”, José A. Robert  reconoce a Nicolás Ramón y a otros tres soldados como héroes   de la fila restauradora, no como "espías o traidores de guerra, quienes dispararon el cañón que causó averias en el buque   Isabel la Católica y heridas a dos tripulantes. En esa parte del mito, resulta extraño que ambos historiadores (Nolásco y    Robert), no llegaran a coincidir, tal vez porque la quema de Barahona por Liberata es en realidad un sofisma histórico y como   tal, consideraron que llegaron a entenderse demasiado.

Podemos asegurar que no hay evidencias creibles de que Angel Felix (Angelito Liberata) haya dado órdenes de quemar el poblado   de Barahona ya que ese no era su accionar de guerra.Liberata fue implacables con los enemigos y los traidores de la causa   revolucionaria, a quienes descuatizaba si era preciso, pero no fué un bandido.El Liberata que hemos estudiado o escudriñado   en los archivos históricos, es la de un militar,miembro de una destacada familia del Rincón (Cabral),como su padre el   general Andrés Felix, involucrado en batallas patrioticas contra los haitianos. En esa guerra patria, Liberata se destacó por   su astucia e ingenio.  No se tiene constancia por escrito de que Angelito Liberata saqueara o incendiara poblados, mucho    menos robara ganados o destruyera cultivos durante la Guerra de la Restauración, como se acusa al  general Pedro Florentino.

Una muestra palpable  de lo que decimos es el hecho historico de que, cuando desalojó sus tropas de Neiba, Rincón, Las   Damas, Las Salinas, y otros poblados, los dejó intactos y vacios porque la población escapó con ellos a los montes. Esos   poblados los ocuparon las tropas españolas sin ninguna resistencia, sin disparar un solo fusil. ¿Si Angelito Liberata no quemó  esos pueblos  en su retirada porqué tuvo que ordenar la quema de Barahona? Se puede afirmar que no tuvo sentido esa órden,  cuando posiblemente ya comenzaban arder algunos bohíos  cercanos a la playa debido los proyectiles  disparados por los cruceros de guerras españoles  anclados en la bahía.

La nueva República llevó, en su seno, los gérmenes de su propia destrucción

Todo lo que se ha escrito sobre el incendio de Barahona en 1864,es una flagrante mentira, basado en el diario militar del general la Gándara o conjeturas y suposiciones fantásticas, sin documentaciónes históricas que lo avalen. Resistimos o rechazamos aquello  que para nosotros no tiene lógica, la  quema de Barahona ordenada por  Liberata, no la tiene. Ni Sócrate Nolásco  ni José A. Robert presentan  testimonios dignos de crédito  que Angelito Liberata llevase a cabo ese hecho vituperable contra el poblado de Barahona.Juan  Gabriel Sánchez, uno de los  soldados que  supuestamente recibieron y ejecutaron la orden de Liberata de quemar Barahona,era  un anciano parcialmente senil (con más de 90 años), cuando Sócrates Nolásco lo entrevistó,por la década de los treinta del  siglo pasado,en su casa de Enriquillo.

Debo aclarar que, contrario a Puerto Plata y Santiago, Barahona no era una gran   villa, apenas estaba habitado por menos de quinientas personas (en la República Dominicana para aquella época tan sólo una de cada seis personas “vivía en ciudades"). La mayoría de los habitantes en Barahona se encontraban viviendo en bohíos dispersos el uno del otro. Es probable que en el calor de la batalla  se quemaran algunas de esas "casas". Tampoco creemos que todos esos bohío estuvieran   habitados por mujeres y niños cuando  se produjo el incendio,tal como escribe la Gándara en su diario militar, ya que  la   mayoría de la población,como ocurrió en Neiba y Rincón, prefirió retirarse a los montes o diseminarse en los poblados   cercanos,como Cachón,antes de comenzar la batalla.

Cartas del cónsul inglés Martín J. Hood remitidas al Conde Russell entre el 20 de enero al 7 de marzo de 1864 confirma que las tropas española realizaron en Barahona "un ataque combinado por tierra y mar" después de fracasar meses antes, una expedición en solitaria solo utilizando cruceros de guerra.Dice Hood en sus cartas,que la defensa de Barahona, por parte de los insurrectos, era tan fuerte y organizada, que a las tropas españolas no le fue posible efectuar el desembarco y fracasaron.(Ver Roberto Marte "Correspondencia consular inglesa sobre la anexión de Santo Domingo a España"). Cerca de mil hombres de las tropas de la Gándara cercaron la ciudad de Barahona en 1864,según Hood en una de sus cartas,iniciándose de esa manera los ataques feroz con artillerías,obligando a Liberata y sus hombres a huir hacia los montes cercanos.

¿Podría Liberata y sus hombres, con muchos heridos en sus fila, quemar todos los bohíos dispersos del poblado? Claro que no,como hemos visto,la quema es una falsedad urdida por el propio general la Gándara para justificar el ataque y quema parcial del poblado.

Al acusar a Liberata de quemar el poblado de Barahona, el general la Gándara, recurrió a una vieja táctica de guerra que es   la de propagar mentiras para ganarse los corazones de los habitantes de las ciudades conquistadas.Resulta que las tropas del  "piadoso y humano" general la Gándara son acusadas por Robert y Don Matías de quemar a Rincón cuando no lograron encontrar a Liberata y sus hombres en ese poblado. Para esos historiadores, incluyendo Nolásco, fueron las tropas españolas quienes   quemaron la iglesia de Rincón porque allí se bautizó a un hijo del mismo Liberata. Don Matías Ramírez narra que las tropas   españolas apresaron en ese poblado a un pobre enfermo de la Buba,un hombre llamado Candelario Báez,que por su   enfermedad no pudo escapar a tiempo hacia los montes.Según Don Matía Ramírez, las tropas españolas del general la Gandara llevaron Báez  hasta el cementerio y lo fusilaron sin compasión.

Vamos a introducir un poco de sentido común en este asunto; Si las tropas españolas del general José la Gándara fueron   capaces de quemar Rincón, muy bien podrían haber sido ellos los causantes del incendio de Barahona. Sobre ese   siniestro cabe la posibilidad, también, que en el ataque combinado por tierra y mar, los disparos indiscriminados del estoico artillero de la tropa de tierra del Isabel II, el Marqués de la Concordia y los cruceros de guerras anclados en la Bahía de Neiba, fueran los causantes de los  primeros  incendios de aquellos bohíos construidos con pencas, o corteza de palma ubicados en la entrada del poblado o en  la cercanía de la playa, incendio que luego le fué achacado injustamente a Angelito Liberata.

El general José la Gángara fue un militar obesionado, nervioso, desconfiado de los dominicanos, pensaba que el  presidente haitiano Fabré Geffrard era el líder real y patrocinador de la Guerra de la Restauración. Durante las negociaciones  para finalizar la anexión de España, el general La Gándara secuestró cobardemente a los familiares (mujeres y niños), de lo  jefes  restauradores, para intercambiarlos por prisioneros españoles. Fue La Gándara el que recomendó a la reina Isabel II que España retuviera la  península de Samaná como compensación economica por los gastos de la guerra, antes de marcharse de Santo Domingo.

Firmado el fin de la anexión española, el general la Gándara dejó la plaza de Santo Domingo con su defensa inutilizada y a merced de los  cañones de los cruceros españoles para atacarla cuando quisiesen (Ver Cristóbal Robles Muñoz "Paz en Santo Domingo  (1854-1865"), esos cruceros no cañonearon y destruyeron la capital debido al antagonísmos y divisiones que esta desición generó en el seno del  ejercito español y sus aliados criollos. Ese fué el general José la Gándara, el mismo que escribió en su diario que en Barahona salvó a mujeres y niños de morir en  el supuesto incendio de Liberata.

Para desgracia de los dominicanos, la nueva República llevó, en su seno, los gérmenes de su propia destrucción. El disfrute del poder corrompió a un buen número de restauradores, muchos de ellos hasta traicionaron su origen y a su historia, como Ulises Heureaux.


Siguiendo esta línea de razonamiento, podríamos conjeturar  que a Liberata lo asesinaron en Petti Trou los mismos que mandaron a   fusilar a Pepillo Salcedo,los que asesinaron en la cama a Pedro  Florentino,los que fusilaron cuando ya no lo necesitaron a Manuel El Chivo,los que conspiraron y derrocaron a  Gaspar Polanco,los que  ascendieron y  luego derrocaron a Pedro Pimentel,los que obligaron al general Gregorio Luperón a marcharse al exilio y al final,después de tantas luchas y  sacrificios, tantas lágrimas vertidas, tanta sangre derramada, tantas vidas perdidas para restaurar la República, esos mismos conspiradores pertenecientes a la clase más reaccionaria de la nación, le entregaron el gobierno en bandeja de plata al caudillo y anexionísta Buenaventura Báez.

Angelito Liberata posiblemente fue victima del "Síndrome de Florentino". Militares decente que formaron parte del Estado Mayor   de las tropas restauradoras del general Pedro Florentino, estuvieron o están injustamente estigmatizados por los malos  hechos  que se le adjudicaron al jefe de los insurrectos del Sur. Muchos heroes restauradores, como Angelito Liberata, hoy son solo personajes olvidados o  ignorados de la  historia.

Pero  ha quedado el mito basado en relatos orales, que pudieron ser parciales y falsos, de que Angelito Liberata incendió el  poblado de Barahona en su desorganizada  retirada, mito que inocentemente todos los barahoneros hemos creido a lo largo de la   historia y que algunos historiadores locales se han encargado de reproducir, muchas veces en abierta contradicción con la verdad histórica, sin investigar a fondo las tramas ocultas de esos relatos orales.

NOTA: Este trabajo de investigación pertenece al capitulo V de mi libro inédito “Enigmas de Barahona”.