Articulo publicado el 15 de agosto de 2013

Por David Ramírez

Siempre he pensado que el político que no ha leído la obra “El Príncipe”, de  Nicolás Maquiavelo no merece estar en la política. No es que su obra y pensamiento sea  algo digno de imitar ya que, a mi entender, su concepción filosófica  de gobernar  es  autoritaria, insensible, infame y deshumana, pero al leer esta obra, el político honesto (qué lo hay, aunque usted no lo crea), puede descubrir y entender las diabluras que a veces se tejen desde el poder.

La filosofía maquiavélica es una autentico tratado para conocer y aplicar desde el Estado las triquiñuelas más perversas  que ha conocido la humanidad, a pesar de que su autor,  Maquiavelo, nunca ejerció el poder, todo lo contrario, en vida se enorgullecía de su honestidad personal y su indigencia económica.

Antonio Gramsci, el filósofo y teórico marxista reconoció alguna vez que el libro de Maquiavelo  era un verdadero «manifiesto político»  o una especie de “manual” aplicado por los dictadores y  presidentes autocráticos para alcanzar y retener el poder, pero también por políticos desalmados que ven la política como un lucrativo negocio.

Tal como están las cosas de cara a las próximas elecciones (congresionales, municipales y presidenciales), los partidos “opositores” lucen débiles, divididos  y  desacreditados. No me cabe la menor duda que el “divide y vencerás”, ese veneno maquiavélico donde no hay espacio para las consideraciones éticas o morales, la están aplicando con éxito los estrategas políticos del PLD a lo que queda de  la “oposición”, sin importar el precio que haya que pagar.

 Las declaraciones del ex presidente Leonel Fernández de que el PLD gobernará la nación más allá del 2036, lucen casi proféticas. Gracias  a los mismos errores de esa oposición política, el PLD controla todo el poder del Estado (Ejecutivo, Legislativo y Judicial).

Bajo esas circunstancias, considero que nuestra nación se encamina a lo que una vez Vargas Llosa llamó “La dictadura perfecta”; un sistema  donde un partido, que controla todo los estamentos del Estado, gana todas las elecciones.

Para lograr tal propósito, los estrategas políticos del PLD han insuflado el caos interno en los partidos del mismo sistema capitalista, llegando incluso hasta absolver a su militancia y convertirlo en una simple franquicia (caso del PRSC), o influir sutilmente en los tribunales electorales para evacuar  sentencias que favorezcan a una tendencia determinada  al interior de un partido opositor y tenerlo en la palma de su mano, como es el caso del Partido Revolucionario Dominicano (PRD).

Esta estrategia maquiavélica, convertido luego en doctrina por los sectores mas retrogrado del neoliberalismo internacional para apoderarse de los recursos económicos de los países en desarrollo, se conoce como "caos creativo". En el caso de la política consiste en “fragmentar” a los partidos opositores y convertirlos en franquicias o en algunos casos, tener una oposición “ficticia” influenciada por partidos con cúpulas sumisas, dóciles y manejables.

El caos está presente en todo los ámbitos de nuestras vidas porque  muchas veces solo de esa manera podemos descubrir nuestras  posibilidades y oportunidades. Según Paul McGarr en su libro "El orden de caos”, existen tres componentes esenciales: El control, la creatividad y la sutileza. Los estrategas del PLD la conocen todas, no buscan controlar a la oposición, sino pactar con ella, ser un participante creativo y sutil en sus divisiones y pugnas internas a través de las instituciones legales con que cuenta el sistema.

Ellos han aprendido que en el caos existe una dinámica  creativa llenas de oportunidades que, si la siguen aplicando correctamente en la política, pueden seguir beneficiándose de un orden que lo ha favorecido electoralmente en los últimos 9 años y cuyos resultados están a la vista de todos;  cinco “pelas”  electorales  consecutivas al PRD.

Actualmente el gobierno peledeísta encabezado por Danilo Medina, no tiene oposición política. Hoy, gracias a su estrategia política de “divide y vencerá”, maneja el destino del país a su antojo y sin presión de ningún tipo.

¿Habrán leído Hipólito Mejía o Miguel Vargas la obra “El príncipe” de Nicolás Maquiavelo o sobre la doctrina del “caos creativo”? Lo dudo mucho, ambos son políticamente analfabetos, que no ven, ni oyen ni entienden, sólo se preocupan por su bienestar económico o político, a pesar de que en la militancia del PRD existe el deseo de que ese partido vuelva a jugar su papel de oposición.

¿Y de la izquierda? Electoralmente son invisibles. Primero, hoy están reducidos casi a la nada victima de la fiebre porcina ideológica y segundo, han fracasado  porque todavía no han podido superar esos vicios y mentalidad  pequeño burgués que formando un “frente progresista”  que lleve en su boleta a una figura de recambio o mediáticamente aceptable, pueden posicionarse electoralmente en las masas.

Si la llamada oposición no reacciona y se reorganiza, temo que tendrán que ser nuestros bisnietos  o tataranietos que desalojen algún día del poder al Partido de la Liberación Dominicana.