Articulo publicado el 28 de febrero de 2013

Por David Ramírez

 Fue un discurso bonito, empeñado más en demostrar que ya aprendió a dominar el arte de la oratoria, que ya no es el tímido  dirigente peledeísta de antaño, que ahora es un presidente con una personalidad propia, confiable y con un liderazgo en crecimiento.

Un discurso acompañado de  los anuncios y promesas habituales a los que nos tenían ya acostumbrado todos los presidentes que lo antecedieron, un discurso con más de los mismos, una engañifa para entretener a los más borregos.

Lo de la Barrick Gold es sólo pompas de jabón, el sabe bien quienes fueron los culpables de tan leonino contrato. Este  pulpo minero, llegó al país de la mano de algunos de sus más cercanos colaboradores, de sus compañeros de partido que  en el gobierno o el congreso firmaron o levantaron las manos asumiendo una  aptitud entreguista, antinacional y antipopular. Aprobaron y firmaron  un contrato minero neocolonial sin leerlo a fondo. ¡Qué vergüenza!

Todos sabemos que el contrato con la barrick fue negocio capa perro, espurio  y lesivo contra el país y el pueblo. El presidente en vez de denunciar a los culpables y distanciarse de ellos, sólo buscó ocultar lo inocultable, para luego sacar a la superficie un "nacionalismo" trasnochado, de ridícula solemnidad.

Al final,  no hubo ni una palabra del déficit fiscal que dejó su mentor y guía político Leonel Fernández ni cómo reducirlo sin que afecte a los sectores más pobre, tampoco habló del paquete de medidas económicas de corte neoliberal (dictadas por el Fondo Monetario Internacional), que debe implementar cuanto antes su gobierno.

No dijo nada del endeudamientos y la intensificación de la presión fiscal y tributaria (luego de aprobada la reforma fiscal),  que se espera sobre la economía y los consumidores, guardó silencio sobre los casos de corrupción denunciado durante el gobierno pasado, dejó fuera los temas  de la de la tarifa eléctrica y el aumento de los combustible.

Al parecer el presidente no consideró que el  empobrecimiento real de la población asalariada y desempleada  era un tema de importancia, tampoco sobre cómo implementar  recortes en el gasto público, reducir la nómina en el Estado ni como evitará que  la carga impositiva que se está aplicando a la canasta familiar siga empobreciendo más a la masa pobre.

Fue un discurso para encubrir y evadir realidades, aunque a sus fervientes paniaguados les parezca otra cosa.