Articulo publicado el 18 de julio del 2012

Por David Ramírez

 Para nadie es un secreto que de las cuatro provincias de la Región Enriquillo, Barahona es la que más exporta capital humano, principalmente joven, hacia otras latitudes. Me atrevería a jurar que prácticamente no existe un país en el mundo donde no esté residiendo un compueblano.


La diáspora barahonera es muy visible económicamente en las grandes urbes de países como EEUU, España, Canadá e Italia. Pese a no existir estadísticas confiables sobre el número de compueblanos dispersos por todo el mundo, sabemos que muchos de ellos han llegado a establecerse exitosamente y son dueños de negocios importantes.

Los aportes económicos de la diáspora son bastante significativos. Las remesas que envían desde esos países movilizan cientos de millones de dólares para beneficio de familias pobres. La situación es tal, que en muchos municipios de la provincia, la única fuente de ingresos que reciben sus habitantes son de las remesas que les envían sus familiares.

Los datos del último censo revelaron que 1,825 hogares de la provincia de Barahona reciben remesas de residentes en el exterior. Lamentablemente estas remesas no han logrado impulsar el desarrollo económico de la provincia porque son utilizadas para, en su mayor parte, cubrir los gastos en el hogar.

Las remesas son importantes, pero no ayudan acabar con la pobreza. Uno de los graves problemas que tiene nuestra provincia es el crecimiento continúo de la despoblación humana.

En muchos municipios, que en el pasado eran zonas activamente productivas, la cantidad de habitantes es cada vez menor. El censo del 2012 reveló cifras bastantes preocupantes; la presencia de jóvenes en edad productiva es cada vez más escasa en algunos municipios, sólo la población envejecientes es la única que está dedicada al trabajo productivo, en su mayor parte, en actividades agropecuarias.
La falta de oportunidades de trabajo y la necesidad de mejorar las condiciones de vida ha incrementado la migración entre los jóvenes, que son el capital humano más importante y el motor de toda economía. No existen cifras oficiales y privadas que nos revelen la tasa de jóvenes que anualmente migran hacia las ciudades u otros países, pero sospechamos que es bastante elevada.

Ante la falta de políticas del Estado para generar empleos es muy probable que la tendencia de los jóvenes a emigrar se incremente con los años, lo cual ahondaría aún más la pobreza en nuestra provincia.

Una de las propuestas del denominado Plan de Desarrollo de Barahona (PlanBa), un plan que no termina de cuajar, es establecer un plan maestro de desarrollo integrar para el sector turístico, minería y la agricultura, este sería el primer paso para retener el capital humano.

Pero un plan de desarrollo no arranca sólo con capital físico, se necesitará una fuerza de trabajo joven, bien preparada y educada para poner lo en marcha. En pocas palabras, nuestra provincia nunca tendrá crecimiento y desarrollo si las autoridades no toman en cuenta, antes de poner en marcha el plan, el fundamento humano.

Primero hay que retener el capital humano e invertir para su desarrollo, esto sólo se logra fortaleciendo la educación y la salud de nuestros habitantes.

Mientras no se tomen en cuenta estos factores, Barahona será siempre una provincia pobre receptora de remesas y exportadora de capital humano.