Articulo publicado el 14 de diciembre de 2014

Por David Ramírez

La muerte es inevitable, no sabemos cuándo y dónde, pero algún día todos moriremos, es una realidad, forma parte de  nuestro ser. Somos hijos de las estrellas que se extinguieron hace millones de años, solo somos polvo de ellas. No  importa cuanta riqueza ni bienes acumulaste en la vida, no todo te acompañarán hasta tu última morada, se quedará aquí  lo mejor de ti, es tu legado para que otros la continúen, la revisen y la puedan enriquecer. Porque polvo eres y en  polvo te convertirás dice en Génesis el viejo testamento judeocristiano, es un ciclo universal, ningún ser humano  escapa de ella.

En el universo todo es reciclable, nada se desperdicia. De la muerte de una estrella nacerán cientos de pequeñas  estrellas gracias a sus elementos expulsados. La muerte de una estrella conlleva la  destrucción de un sistema  planetario, pero es vital para  el nacimiento de la vida en otros lugares del cosmos. De la muerte de una o cientos de  miles de estrellas gigantes surgieron nuestro sol, los ocho planetas que componen el Sistema Solar y toda la vida sobre  la tierra.

En la Física existe una ley que establece que, mientras más gigante y brillante sea una estrella, más rápido agota su  combustible y, por consiguiente, su final llega más rápido que una más pequeña, es el precio que tienen que pagar.  Teuddy Sánchez fue como esas estrellas gigantes que brillaba con luz propia en el firmamento del periodismo.

Teuddy murió joven, de una muerte súbita, como mueren las estrellas gigantes; nacen, evolucionan y mueren súbitamente.

Teuddy Sánchez, el amigo, estaba enterado perfectamente que tenía problemas del corazón asociado  con la diabetes.  Después de aquella operación hace más tres años, él conocía los riesgos a su salud si mantenía su vieja rutina de  trabajo, pero tenía dos opciones; quedarse en su casa sin hacer nada, sentado en un sillón con miedo a lo que pase,  o  morir haciendo lo que más le gustaba en la vida que era su profesión de periodista. Estoy seguro que si me dieran a  escoger,  sin titubear escogería lo mismo que él escogió.

Por eso a Teuddy Sánchez no lo recuerdo con tristeza, sino con admiración.Su muerte no fue en vano, como las estrellas  gigantes dejó un honroso y comprometedor legado  para la nueva generación de periodistas barahoneros.

Ya lo escribí hace más de dos años en un artículo que rehusó publicar en Ecos del Sur para evitar los celos y enojo de  sus compañeros de profesión. Teuddy sobresalió  por encima de los demás por tomar su trabajo en serio, por buscar  buenas e impactantes noticias.

Teuddy buscaba las noticias en los lugares que otros pasaban  por alto (como el parque Central o la entrada de un  banco) y siempre estaba "frío" con los vigilantes en los hospitales o con las patrullas de la policía para tener las  primicias en los cuarteles u hospitales sobre un suceso o acontecimiento de importancia para la comunidad.

Teuddy Sánchez, sin dejarse corromper  ni pedir dádivas, tenía buenas relaciones con todos los políticos y funcionarios  locales, sabía darle un adecuado manejo a las noticias, sabía cómo comunicarla, cuándo y en dónde. Como hábil reportero   redactaba diariamente ocho y hasta doce noticias.

Por eso, cuando escribo que el legado de Teuddy  Sánchez es como el de una estrella gigante es por una razón; esa clase  de periodistas se encuentra  en vías de extinción.

Periodistas como lo fue en vida Teuddy Sánchez, estuvieron completamente convencidos que el ejercicio del periodismo   no es una moda, sino una vocación, un compromiso social, entregado  por completo las 24 horas, llegando a convertirse,  en muchas ocasiones, una especie de guía para todo los profesionales de su área.

A Teuddy Sánchez le cobró muy caro su profesión, pero estoy convencido que su trayectoria periodística será  el espejo  en que podrán mirarse la nueva generación.